martes, diciembre 22, 2009

Alegraos en el Señor (Pablo VI)

El enlace del título da acceso a la última exhortación apostólica del Papa Pablo VI: Gaudete in Domino (Alegraos en el Señor). Los invito a leer este bellísimo escrito sobre la alegría cristiana.
Adelanto aquí un fragmento:
"8. Esta paradoja y esta dificultad de alcanzar la alegría parecen a Nos especialmente agudas en nuestros días. Y ésta es la razón de nuestro mensaje. La sociedad tecnológica ha logrado multiplicar las ocasiones de placer, pero encuentra muy difícil engendrar la alegría. Porque la alegría tiene otro origen. Es espiritual. El dinero, el confort, la higiene, la seguridad material con frecuencia no faltan; sin embargo, el tedio, la aflicción, la tristeza forman parte, por desgracia, de la vida de muchos. Esto llega a veces hasta la angustia y la desesperación que ni la aparente despreocupación ni el frenesí del gozo presente o los paraísos artificiales logran evitar. ¿Será que nos sentimos impotentes para dominar el progreso industrial y planificar la sociedad de una manera humana? ¿Será que el porvenir aparece demasiado incierto y la vida humana demasiado amenazada? ¿O no se trata más bien de soledad, de sed de amor y de compañía no satisfecha, de un vacío mal definido? Por el contrario, en muchas regiones, y a veces bien cerca de nosotros, el cúmulo de sufrimientos físicos y morales se hace opresivo: ¡tantos hambrientos, tantas víctimas de combates estériles, tantos desplazados! Estas miserias no son quizá más graves que las del pasado, pero toman una dimensión planetaria; son mejor conocidas, al ser difundidas por los medios de comunicación social, al menos tanto cuanto las experiencias de felicidad; ellas abruman las conciencias, sin que con frecuencia pueda verse una solución humana adecuada.

9. Sin embargo, esta situación no debería impedirnos hablar de la alegría, esperar la alegría. Es precisamente en medio de sus dificultades cuando nuestros contemporáneos tienen necesidad de conocer la alegría, de escuchar su canto."
(Énfasis agregados por mí).

miércoles, diciembre 16, 2009

Tarde te amé (San Agustín)

Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé.
Y he aquí que Tú estabas dentro de mí y yo fuera,
y fuera te buscaba yo, y me arrojaba sobre esas hermosuras que Tú creaste.
Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo.
Me mantenían lejos de Ti aquellas cosas que, si no estuviesen en Ti, no existirían.
Me llamaste y gritaste, y venciste mi sordera;
brillaste y resplandeciste, y ahuyentaste mi ceguera;
exhalaste tu fragancia, la respiré y ahora suspiro por Ti;
te saboreé y ahora tengo hambre y sed de Ti;
me tocaste y me abrasé en el deseo de tu paz.
Cuando me haya unido a Ti con todo mi corazón,
ya no habrá para mí dolor ni aflicción
y viva será mi vida, toda llena de Ti.
Ahora bien, puesto que Tú haces ligero a quien está lleno de Ti,
yo, que no estoy lleno de Ti, soy de peso para mí mismo.
Dentro de mí contrastan deplorables alegrías y felices angustias;
no sé de qué parte esté la victoria.
Ten piedad de mí, oh Señor.
En lo más íntimo de mí las tristezas del mal contrastan con las alegrías del bien;
y no sé de qué parte esté la victoria.
Ten compasión de mí, oh Señor.
Yo no escondo mis llagas.
Tú eres el médico, yo soy el enfermo;
Tú misericordioso, yo miserable…
Toda mi esperanza está en tu gran misericordia.
Dona, por tanto, lo que me ordenas…
¡Oh, Amor que siempre ardes y nunca te consumes,
oh Caridad, oh Dios mío, inflámame!

San Agustín, Confesiones, X, 27-29.

martes, diciembre 15, 2009

Uno solo es el Salvador (Joseph Ratzinger – Vittorio Messori)


Hemos hablado sobre los misioneros de ayer y sobre el catolicismo ya implantado, aunque con sus problemas. Sin embargo, en estos años de posconcilio parece que el debate haya atacado las razones mismas del esfuerzo actual de la Iglesia respecto a los no cristianos. No es ningún misterio que una crisis de identidad, quizás una pérdida de motivación, se ha ensañado con particular crudeza entre los misioneros.

La respuesta del cardenal no está exenta de preocupaciones: «Es doctrina antigua, tradicional en la Iglesia, que todo hombre está llamado a la salvación, y ciertamente puede salvarse obedeciendo sinceramente a los dictados de su propia conciencia, aunque no sea miembro visible de la Iglesia católica. Esta doctrina, que —repito— era ya pacíficamente aceptada, ha sido enfatizada excesivamente a partir de aquellos años del Concilio, apoyándose en algunas teorías como la del «cristianismo anónimo». De este modo se ha llegado a sostener que se da siempre la gracia cuando uno —seguidor de cualquier religión o simplemente no creyente- se limita a aceptarse a sí mismo como hombre. Según estas teorías, lo que el cristiano tendría de característico sería la toma de conciencia sobre esa gracia que, por lo demás, estaría en todos, bautizados o no. Disminuido el carácter esencial del bautismo, se ha llegado a poner un énfasis excesivo en los valores de las religiones no cristianas, que algún teólogo llega a presentar no como vías extraordinarias de salvación, sino incluso como caminos ordinarios».

¿A qué consecuencias ha llevado esto?

«Tales hipótesis obviamente han frenado en muchos la tensión misionera. Algunos han comenzado a preguntarse: «¿Por qué inquietar a los no a cristianos, induciéndoles al bautismo y a la fe en Cristo, si su religión es su camino de salvación en su cultura y en su región?» De este modo se olvida, entre otras cosas, la relación que el Nuevo Testamento establece entre salvación y verdad, cuyo conocimiento (lo afirma Jesús de un modo explícito) libera, y por lo tanto salva. O, como dice San Pablo: «Dios nuestro Salvador quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad». Y esta verdad, prosigue el Apóstol, consiste en saber «que uno es Dios, uno también el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que se entregó a sí mismo para redención de todos» (1 Tim 2,4-7). Esto es lo que tenemos que seguir anunciando —con humildad, pero con fortaleza— en el mundo actual, siguiendo el ejemplo y el estímulo desafiante de las generaciones que nos han precedido en la fe».

(Cardenal Joseph Ratzinger – Vittorio Messori, Informe sobre la fe, Capítulo XIII – Predicar de nuevo a Cristo).

Fuente:
http://www.conoze.com/doc.php?doc=7271

sábado, diciembre 12, 2009

Descarga gratis mi libro de teología pastoral


Daniel Iglesias Grèzes

En mayo de 2008 publiqué mi cuarto libro de teología en el sitio web de auto-publicación Lulu.

Este libro se titula: “Sintió compasión de ellos. Escritos teológico-pastorales”.

Tiene 156 páginas, tres partes y un epílogo:
· Parte 1 - Discusiones en torno a la Conferencia de Aparecida.
· Parte 2 - Aportes al IV Sínodo Arquidiocesano de Montevideo.
· Parte 3 - Otros escritos teológico-pastorales.
· El Epílogo trata acerca de un tema de teología dogmática: si la Iglesia es o no es el “sacramento del mundo”.

Está disponible en: www.lulu.com/content/2473284.

Allí se puede comprar el libro impreso (Lulu imprime un ejemplar y lo envía por correo al comprador) o descargar gratuitamente el texto completo en formato PDF.

Para abrir un archivo PDF se requiere el programa gratuito Adobe Reader, disponible en la gran mayoría de las computadoras. En caso de no tener ese programa en la PC, se lo puede bajar gratuitamente desde http://www.adobe.com/es/products/acrobat/readstep2.html.

Mis cuatro libros de teología están disponibles en http://stores.lulu.com/diglesias, en las dos modalidades descritas: libro impreso y “libro electrónico”.

jueves, diciembre 10, 2009

Santo Tomás de Aquino (G. K. Chesterton)


Mas probablemente la revelación más fiel de lo que fue su vida puede encontrarse en el famoso cuento del milagro del crucifijo, cuando en la soledad de la iglesia de Santo Domingo de Nápoles una voz habló desde el Cristo esculpido y dijo al fraile arrodillado que había escrito bien, y le invitó a escoger una recompensa entre todas las cosas del mundo.

A mi modo de ver, no se ha apreciado el secreto de esta anécdota particular aplicada a este santo particular. Es cosa vieja que a un devoto de la soledad y de la sencillez se le invite a elegir entre los premios de la vida. El eremita verdadero o falso, el fanático o el cínico, el Estilita sobre su columna o Diógenes en su tubo, pueden todos ser presentados como tentados por los poderes de la tierra, del aire o de los cielos, con el ofrecimiento de la mejor de todas las cosas y respondiendo que no quieren nada. En el cínico o estoico griego realmente significaba la negación: que no quería nada. En el fanático o místico oriental a veces significaba una especie de negación positiva: que quería la nada, que la nada era precisamente lo que quería. A veces expresaba una noble independencia junto con las virtudes mellizas de la antigüedad: el amor de la libertad y el odio a la abundancia. A veces significaba la propia suficiencia, que es lo opuesto a la santidad. Mas aún las anécdotas de este género de otros santos no llenan precisamente el caso de Santo Tomás. Él no era uno de ésos que no quieren nada; era una persona muy interesada en todas las cosas. Su respuesta no es tan inevitable o sencilla como algunos podrían suponer. Comparado con muchos otros santos y muchos otros filósofos, él era ávido en su aceptación de las cosas, en su hambre y sed de las cosas. Fue su especial tesis espiritual que realmente hay cosas, y no sólo una; que los muchos existen lo mismo que el uno. No me refiero yo a cosas que comer, beber o vestir, aunque él nunca negó a éstas su lugar propio en la noble jerarquía del ser, sino más bien cosas que pensar y que probar, que experimentar y que conocer. Nadie supone que, cuando Dios ofreció a Tomás de Aquino que escogiese entre todos los dones de Dios, él pediría mil libras, o la corona de Sicilia, o un regalo de añejo vino griego. Mas podía haber pedido cosas que necesitaba, y era un hombre que podía necesitar mucho, como ansiaba el manuscrito perdido de San Juan Crisóstomo. Podía haber pedido la solución de una antigua dificultad, o el secreto de una nueva ciencia, o una chispa de la inconcebible mente angélica de los ángeles, o cualquiera de las mil y una cosas que habrían de veras satisfecho su amplio y varonil apetito, de la misma amplitud y variedad que el Universo. La cuestión es que, para él, cuando la voz habló de entre los brazos abiertos del crucificado, aquellos brazos estaban verdaderamente abiertos y abriendo gloriosamente las puertas de todos los mundos; eran brazos señalando al Oriente y al Poniente, a los fines de la tierra y a los extremos de la misma existencia. Estaban verdaderamente arrojados con un gesto de omnipotente generosidad; el Creador mismo ofreciendo la misma creación, con todo su misterio millonario de seres separados y el coro triunfal de las criaturas. Ése es el fondo resplandeciente del ser múltiple que da particular fortaleza y aun una especie de sorpresa a la respuesta de Santo Tomás, cuando él levantó por fin su rostro y dijo con y por aquella audacia casi blasfema, que es una sola cosa con la humildad de su religión: “Elijo a Vos mismo”.

O, añadiendo a esta anécdota la ironía nímbica y aplastante, tan únicamente cristiana para aquellos que la entienden, algunos creen que la audacia está suavizada porque dijo: “Solamente a Vos mismo”.

(G. K. Chesterton, Santo Tomás de Aquino, Colección Austral, Espasa-Calpe S.A., Madrid, 1985, 11ª edición, pp. 124-126).

lunes, diciembre 07, 2009

¡Feliz Navidad!


Daniel Iglesias Grèzes

Hace más de dos mil años el Hijo de Dios bajó del cielo por nuestra salvación y nos reveló la verdad acerca de Dios y acerca del hombre.

1. La verdad acerca de Dios

Jesús de Nazaret es la imagen visible de Dios invisible, el sacramento del amor del Padre. Nadie conoce al Padre sino aquel a quien el Hijo se lo ha revelado. Jesús nos enseñó a dirigirnos a Dios llamándolo “Padre” y nos reveló que nuestro Padre Dios es rico en misericordia, nos ama de un modo infinito y entrañable y quiere la salvación de todos. En la vida de Jesús, en sus palabras y obras, en su muerte y resurrección, se manifestó insuperablemente la esencia íntima de Dios, que es amor, entrega, auto-donación, auto-comunicación. Conociendo a Jesús llegamos a conocer el misterio de Dios. En Jesucristo Dios se revela como Padre, Hijo y Espíritu Santo: un solo Dios, uno en substancia y trino en personas.

2. La verdad acerca del hombre

Jesús no sólo es verdadero Dios, sino también verdadero hombre, en cuerpo y alma. Más aún, Él es el hombre perfecto, el nuevo Adán, el primogénito de la nueva creación. Él nos reveló que fuimos creados para vivir eternamente en comunión de amor con la Santísima Trinidad. Al morir en la cruz, Cristo nos reconcilió con Dios, y al resucitar nos dio nueva vida, la vida de la gracia o amor gratuito de Dios. Tenemos que conservar y desarrollar esa nueva vida siguiendo a Jesucristo, cumpliendo la Ley de Cristo: el amor a Dios y al prójimo, con todas sus consecuencias. La misión que Jesús nos encomendó no es individual, sino comunitaria; por eso Él fundó la Iglesia, la asamblea de sus discípulos, a la que entregó su Espíritu y dio los sacramentos, signos eficaces de su gracia. Por medio de la Iglesia crece en la tierra el Reino de Cristo, hasta que, después del final de los tiempos, Dios sea todo en todos.

Que en esta Navidad contemplemos con gozo estos santos misterios que Dios nos reveló para nuestra salvación y que la alegría de sabernos amados por Dios como hijos nos lleve a convertirnos cada vez más en verdaderos discípulos de Jesús.

Deseo a todos los lectores una muy feliz Navidad.

domingo, diciembre 06, 2009

Esperando a Cristo (John Henry Newman)

El enlace del título permite acceder a un magnífico sermón del gran teólogo inglés John Henry Newman (convertido del anglicanismo al catolicismo) sobre un tema muy apropiado para el actual tiempo litúrgico de Adviento: la espera de la segunda venida de Nuestro Señor Jesucristo.
Dios mediante, el Cardenal Newman será beatificado durante el año 2010. Demos gracias al Señor, quien es admirable en sus santos.

sábado, diciembre 05, 2009

San Damián de Molokai

El domingo 11 de octubre de 2009 el Papa Benedicto XVI canonizó al Padre Damián, sacerdote católico belga de la Congregación de los Sagrados Corazones que entregó su vida al servicio de los leprosos en Molokai, una de las Islas Hawaii. Se ha cumplido así la profecía del gran escritor Robert Louis Stevenson, admirador del Padre Damián y defensor de su memoria en una célebre y brillante carta abierta.
¡Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos! San Damián de Molokai, ora por nosotros.

miércoles, diciembre 02, 2009

Herodes hace matanzas donde no llega la cruz (Sandro Magister)

Recomiendo la lectura de este excelente artículo del periodista italiano Sandro Magister acerca del crimen del infanticidio en la China y la India de hoy y en muchos pueblos no cristianos del pasado. El artículo muestra cómo el cristianismo ha sido y es el principal enemigo de esa práctica abominable.
Para acceder al artículo, haga clic sobre el título de esta entrada.

martes, diciembre 01, 2009

Infidelidades en la Iglesia (José María Iraburu)

He aquí un libro impactante, que ofrece un diagnóstico certero acerca de la actual crisis religiosa y moral en la Iglesia Católica e indica incluso algunos elementos esenciales para su adecuada terapia. El Padre Iraburu ha hecho un gran servicio a la Iglesia con este libro tan valiente y oportuno, cuya lectura recomiendo vivamente.
El Padre Iraburu destaca que en la Iglesia no sólo se debe proclamar la verdad, sino también combatir los errores, tarea ésta que ha sido muy descuidada en las últimas décadas; y además se debe sancionar a los maestros del error, tarea importante que hoy muchos tienden a dejar casi exclusivamente en manos de la Santa Sede.
Para acceder al libro, haga clic sobre el título de esta entrada.