miércoles, marzo 22, 2006

Revista "Fe y Razón"

El día 5/03/2006 publicamos el primer número de la revista virtual "Fe y Razón", como una extensión del sitio web homónimo ( www.feyrazon.org ). El objetivo de la revista, como el del sitio, es contribuir a la evangelización de la cultura en fidelidad al Magisterio de la Iglesia Católica. Esperamos que la revista sirva para acercar a "Fe y Razón" a más lectores.

Al Equipo de Dirección de la revista, integrado por los tres fundadores de "Fe y Razón", se ha unido un amplio grupo de destacados colaboradores.

La revista será publicada con una periodicidad mensual. La suscripción es totalmente gratuita. Para suscribirse, por favor visite la portada de "Fe y Razón", entre a la sección "Revista Virtual" y siga las instrucciones. Recibirá la revista por correo electrónico.

Los números ya publicados de la revista serán almacenados en un blog, cuya dirección es: www.revistafeyrazon.blogspot.com . Allí se encuentra ya el Nº 1 . El Nº 2 será publicado dentro de pocos días.

Verdades de Fe

El día 7/03/2006 inauguramos el programa radial "Verdades de Fe", dedicado a presentar y explicar la doctrina de la fe católica. El programa se transmite en Radio María Uruguay por FM desde Florida y Melo (y próximamente desde San José y Tacuarembó) y por Internet en www.radiomaria.org.uy .

Las versiones textuales del programa serán publicadas en un blog, cuya dirección es www.verdadesdefe.blogspot.com . Allí se encuentran ya los textos de los ocho primeros programas.

Radio María es una cadena internacional de radios católicas, fundada primeramente en Italia y extendida luego a unos 30 países. Está presente en Uruguay desde 2005. Su programación es 100% confesional y no tiene publicidad, manteniéndose gracias a las donaciones de sus oyentes.

domingo, diciembre 25, 2005

¡Feliz Navidad!

“Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, lo adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra.” (Mateo 2,9-11).

Estimados amigos:

La Navidad secularizada (la de Santa Claus y el arbolito) requiere sólo el compromiso débil de dar algunos regalos materiales a los seres queridos. En cambio, la verdadera Navidad, la del niño Jesús y el pesebre de Belén, exige el compromiso fuerte de regalar el propio ser a Dios y a todos los hermanos. Los tres dones de los magos de Oriente al Salvador recién nacido (oro, incienso y mirra) simbolizan los dones de pobreza, castidad y obediencia (bienes, cuerpos y almas) que debemos consagrar a Dios. Liberándonos de los afanes desordenados de riqueza, de placer e incluso de libertad, nos auto-poseemos para poder auto-donarnos.

Que en esta Navidad nuestro Padre Dios nos conceda abrir nuestros ojos al gran misterio del nacimiento de Su Hijo Jesucristo de la Virgen María en Belén de Judea hace más de 2.000 años y convierta nuestros corazones en tierra fértil, para que la buena semilla del Evangelio dé muchos frutos de justicia y santidad en nosotros y en los demás.

¡Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo!

sábado, diciembre 03, 2005

Amo del Mundo

Recomiendo la lectura de esta novela de Robert Hugh Benson, basada en una profunda reflexión teológica sobre algunas de las posibles perspectivas que ofrece la aventura del hombre en la actual fase de su historia. En algunos sentidos esta obra de 1907 ha resultado ser profética.

Authorama ha publicado el texto original de Benson (en inglés), que es del dominio público, bajo la forma de un libro electrónico (e-book). El vínculo del título de esta entrada conduce a ese e-book.

La “sociedad del divorcio”

Utilizaremos la metáfora del divorcio para caracterizar la sociedad occidental contemporánea y mostrar que ésta ha divorciado o está divorciando realidades que deben permanecer unidas o en fecunda relación.

En primer lugar, la cultura actual se caracteriza por el divorcio entre la fe y la razón, “las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad” (Juan Pablo II, encíclica Fides et Ratio, exordio). El capítulo IV de la encíclica Fides et Ratio sintetiza magníficamente la historia del pensamiento occidental bajo el punto de vista de la relación entre la fe y la razón. La tercera y última parte de ese capítulo (cf. ídem, nn. 45-48) se titula “El drama de la separación entre fe y razón”. Allí Juan Pablo II muestra cómo la síntesis de fe y razón lograda por Santo Tomás de Aquino y la teología escolástica del siglo XIII se fue oscureciendo a lo largo de los siglos sucesivos. El gran Papa relaciona la separación entre fe y razón con “el capítulo principal del drama de la existencia humana contemporánea” (ídem, n. 47): el hombre actual está amenazado por los resultados de su propio trabajo (cf. íbidem). Después de haber sufrido los influjos del nominalismo de fines de la Edad Media, la vertiente paganizante del Renacimiento, la tendencia fideísta de la Reforma protestante, la Ilustración racionalista, el idealismo y el materialismo de los siglos XIX y XX y el relativismo de la post-modernidad, hoy nuestra cultura occidental tiende a ver a la verdad como esclavizante y a la certeza como una amenaza a la tolerancia que posibilita la convivencia pacífica.

En segundo lugar, nuestra cultura se caracteriza por una crisis de la familia (célula básica de la sociedad), cuya raíz principal es el divorcio entre marido y mujer. Cuando una sociedad introduce la disolución del matrimonio en su legislación, deja de ser cristiana, porque debajo del divorcio subyace una antropología individualista incompatible con el cristianismo. En el fondo se asume que el ser humano es incapaz de amar de verdad, comprometiéndose con otra persona para siempre, o bien que un tal amor es una esclavitud destructora. Esta concepción divorcista ha sido impuesta a los pueblos cristianos por la fuerza de la ley civil y se difunde como una enfermedad contagiosa.

En tercer lugar, nuestra moderna sociedad secularista se caracteriza por el divorcio (no la sana separación) entre la Iglesia y el Estado. Este divorcio ha asumido formas diferentes en distintos países. Uruguay se ha inspirado en el modelo secularista radical de Francia (de separación sin reconocimiento) y lo ha aplicado con inusitado vigor, organizando el Estado casi como si la religión no existiera. Citaremos aquí las conclusiones de un brillante artículo sobre este tema: “La primera conclusión es que, cuando tuvimos que elegir una modalidad de separación entre el estado y las confesiones religiosas, los uruguayos elegimos una solución particularmente radical [la laicidad a la francesa]... y claramente marginal en el mundo democrático. La segunda conclusión es que, cuando tuvimos que aplicar esa solución, lo hicimos tal vez con coherencia pero ciertamente con una intransigencia que ni siquiera encontramos en los padres de la idea. La tercera conclusión es que los uruguayos seguimos sin discutir ese modelo, pese a que sus propios autores lo están sometiendo a revisión. Creo que todo esto debería llevarnos a reflexionar sobre nuestras opciones normativas y nuestras prácticas institucionales.” (Pablo da Silveira, Laicidad, esa rareza, en: Roger Geymonat (compilador), Las religiones en el Uruguay. Algunas aproximaciones, Ediciones La Gotera, Montevideo 2004, p. 211).

En cuarto lugar recordamos que en todo el mundo existe hoy una fuerte tendencia al divorcio entre la moral y el derecho, entre la ley moral y la ley civil. Esta tendencia se manifiesta en los numerosos intentos (exitosos o no) de legalización del aborto, la fecundación in vitro, la experimentación con embriones, la clonación humana, la eutanasia, el divorcio por la sola voluntad de uno de los cónyuges, las “uniones libres”, el “matrimonio homosexual”, etc. En la cultura relativista la moral pertenece al ámbito de los sentimientos, de lo irracional, de lo privado, sin vigencia en el ámbito público. La ley se comprende y se practica en clave positivista. Se busca proteger los derechos humanos, pero éstos son privados de su fundamento trascendente, exponiéndolos a ser desconocidos o distorsionados por la dictadura de la mayoría. Se inventan nuevos (y falsos) derechos humanos: los “derechos sexuales y reproductivos”.

En quinto y último lugar, se difunde actualmente con mucha fuerza en todo el mundo una ideología feminista radical, la llamada “perspectiva de género”, que procura el divorcio entre la naturaleza y la cultura. Se minimiza la importancia de la naturaleza (el “sexo”) y se prioriza el “género”, concebido como mera construcción cultural. Se sostiene la existencia de múltiples “géneros” (al menos cinco) y se defiende la libre elección de la “orientación sexual”, como un derecho humano básico. Se promueve la “diversidad sexual” y se denuncia cualquier visión discrepante de esta ideología como fundamentalismo y discriminación.

Daniel Iglesias Grèzes

Nota: Este artículo está inspirado en diversos escritos de Josep Miró i Ardèvol sobre “la sociedad de la desvinculación”.

lunes, noviembre 28, 2005

Oración por la beatificación de Robert Schuman

Señor, Tú has querido que Tus criaturas creadas a Tu imagen reflejen Tu amor y que los pueblos establezcan entre ellos lazos de paz y de solidaridad.

Tu siervo Robert Schuman fue un fiel artesano de la paz a lo largo de su vida. Ejerció sus actividades como si fueran un apostolado. Trabajó en la construcción de la primera comunidad de naciones, expresando el deseo de que la Europa comunitaria “prefigure la solidaridad universal del futuro”. Con toda su acción manifestó que la política podía ser un camino de santidad. A imagen de Tu Hijo, era “manso y humilde de corazón” (Mateo 11,29).

Dígnate concedernos pronto que la Iglesia honre la memoria de Robert Schuman, discípulo e imitador de Jesucristo. Que sirva de modelo a los legisladores y a los gobernantes, a fin de que, siguiendo su ejemplo, también ellos se hagan servidores de los pueblos y obren la paz y la justicia entre las naciones.

Por intercesión de Robert Schuman concédenos, Padre amadísimo, la gracia de ... [dígase aquí la gracia implorada].

Concédenos ser instrumentos de Tu santa voluntad durante nuestra peregrinación en la tierra, a fin de conquistar con el hermoso combate de la fe la vida eterna a la que estamos llamados (cf. 1 Timoteo 6,12). Y haz que podamos vivir siempre conformes a Tu amor. Amén.

(Con aprobación eclesiástica, 5/12/1998).

Fuente: René Lejeune, Robert Schuman, Padre de Europa (1886-1963), Ediciones Palabra, Madrid 2000, p. 243.

sábado, octubre 29, 2005

Las familias y el encuentro con Cristo vivo

Uno de los objetivos principales de la pastoral familiar de ayer, de hoy y de siempre es procurar que los fieles conozcan el significado del matrimonio cristiano y los deberes de los cónyuges y los padres cristianos. En relación con este objetivo pastoral, el mundo actual presenta serios desafíos que requieren respuestas urgentes. En la cultura contemporánea se ha oscurecido la noción -cognoscible a la luz de la sola razón natural- de la alianza matrimonial como un consorcio íntimo de vida y de amor conyugal de un hombre y una mujer, basado en su donación mutua total e incondicional y ordenado a su propio bien y a la generación y educación de sus hijos. Por desgracia se difunden cada día más algunas formas de conducta que constituyen ofensas graves a la dignidad del matrimonio (unión libre, adulterio, divorcio, "matrimonio" de dos personas del mismo sexo, etc.). Además, con frecuencia los mismos esposos cristianos no comprenden lo que significa que el matrimonio entre bautizados haya sido elevado por Cristo a la dignidad de sacramento.

Frente a estas grandes dificultades, que a primera vista pueden parecer abrumadoras, no debemos ceder a las tentaciones del temor o el desánimo, sino volver una y otra vez al encuentro de la fuente de agua viva, Nuestro Señor Jesucristo, el único Salvador, quien nos revela el infinito amor del Padre y nos comunica el Espíritu Santo, el cual nos capacita para llevar a cabo el anuncio del Evangelio con palabras y acciones. La nueva evangelización que la actual situación del continente y del mundo requiere brota de un "nuevo ardor" que es un don gratuito de la Santísima Trinidad.

Como decían los escolásticos, "el obrar sigue al ser". Sólo abriéndose a la gracia de Cristo que está presente en lo más profundo de su ser y convirtiéndose así en hijos de Dios, los cónyuges podrán obrar como signos e instrumentos cada vez más transparentes del misterio sagrado de amor trascendente y salvífico que es nuestro origen, fundamento y meta, al que llamamos Dios.

lunes, octubre 24, 2005

Jesús y la indisolubilidad del matrimonio

A menudo se cuestiona la doctrina católica sobre la indisolubilidad del matrimonio apelando a un conocido pasaje evangélico (Mateo 19,9). Por lo general dicho cuestionamiento está basado en una mala traducción de ese versículo: "El que despide a su mujer y se casa con otra, salvo en caso de adulterio..." Según la Biblia de Jerusalén (BJ), una edición católica de la Biblia reconocida por sus muy buenas traducciones y sus excelentes comentarios, Mateo 19,9 dice lo siguiente: "Ahora bien, os digo que quien repudie a su mujer -no por fornicación- y se case con otra, comete adulterio". El texto original griego utiliza dos palabras diferentes, que se pueden traducir como "fornicación" y "adulterio".

El error de traducción conduce a un error de interpretación: la expresión "no por fornicación" no constituye una excepción a la regla de la indisolubilidad matrimonial. Cito el comentario de la BJ al versículo en cuestión:

"Dada la forma absoluta de los paralelos (Marcos 10,11s; Lucas 16,18 y 1 Corintios 7,10s) es poco verosímil que los tres hayan suprimido una cláusula restrictiva de Jesús y más probable, en cambio, que uno de los últimos redactores del primer evangelio la haya añadido para responder a una determinada problemática rabínica (discusión entre Hillel y Sammai sobre los motivos que legitiman el divorcio), por lo demás evocada por el contexto (v. 3), que podía preocupar al medio judeocristiano para el que escribía. Tendríamos, pues, aquí una decisión eclesiástica de alcance local y temporal, como lo fue la del decreto de Jerusalén concerniente a la región de Antioquía (Hechos 15,23-29). El sentido de "porneia" orienta la investigación en la misma dirección. Algunos quieren ver en este término la fornicación en el matrimonio, es decir, el adulterio, y encuentran aquí la dispensa para divorciarse en tal caso; así las Iglesias ortodoxas y protestantes. Pero en este sentido se habría esperado otro término, "moijeia". En cambio, "porneia", en el contexto, parece tener el sentido técnico de la "zenût" o "prostitución" de los escritos rabínicos, dicha de toda unión convertida en incestuosa por un grado de parentesco prohibido según la Ley (Levítico 18). Uniones de éstas, contraídas legalmente entre paganos o toleradas por los mismos judíos entre los prosélitos, debieron causar dificultades, cuando estas personas se convertían, en medios judeocristianos legalistas como el de Mateo: de ahí la consigna de disolver semejantes uniones irregulares, que en definitiva no eran sino matrimonios nulos."

sábado, octubre 22, 2005

¿Dios no castiga?

Hoy en día muchos fieles cristianos sostienen que Dios no castiga, pues Él es amor. Analicemos brevemente esta tesis sorprendente.

El verdadero castigo no tiene nada que ver con el sadismo o la crueldad, sino que está relacionado con la justicia. El diccionario define "castigo" como "pena impuesta al que ha cometido un delito o falta". El hecho de que Dios castiga, es decir que impone penas a los culpables de pecados, es una de las verdades mejor atestiguadas en la Sagrada Escritura. En efecto, en la edición en CD-ROM de la Biblia denominada "El Libro del Pueblo de Dios", las diversas palabras derivadas del sustantivo "castigo" o del verbo "castigar" aparecen 291 veces (25 de las cuales en el Nuevo Testamento) y la gran mayoría de las veces se refieren a castigos divinos. Además se debe tener en cuenta que muchos otros textos bíblicos se refieren a esta misma realidad (los castigos divinos) sin emplear las palabras mencionadas.

A modo de ejemplo citaremos sólo cinco de esos textos:
· Éxodo 20,7: "No pronunciarás en vano el nombre del Señor, tu Dios, porque Él no dejará sin castigo al que lo pronuncie en vano".
· Salmos 39,12: "Tú corriges a los hombres, castigando sus culpas".
· Ezequiel 30,19: "Infligiré justos castigos a Egipto, y se sabrá que yo soy el Señor".
· Mateo 25,46: "Éstos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna".
· Romanos 12,19: "Queridos míos, no hagan justicia por sus propias manos, antes bien, den lugar a la ira de Dios. Porque está escrito: Yo castigaré. Yo daré la retribución, dice el Señor".

Toda la Tradición de la Iglesia confirma esta realidad atestiguada por la Biblia. Hasta tiempos muy recientes el hecho de que Dios castiga a los malos fue una verdad evidente para todos o casi todos los cristianos. Sólo últimamente se ha difundido la noción contraria, con base en un concepto superficial del amor divino.

Los padres humanos aplican castigos a sus hijos para corregirlos cuando éstos cometen faltas que los ameritan. Un padre que no castiga jamás a sus hijos, hagan lo que hagan, no demuestra amor por ellos, sino una funesta indiferencia o falta de autoridad. Seguramente la actual crisis de la autoridad paterna y materna tiene relación con la concepción del amor como un mero sentimiento carente de exigencias morales.

El amor de Dios no es incompatible con el castigo divino, al igual que Su misericordia no es incompatible con Su justicia. La fe cristiana enseña precisamente lo contrario de la tesis que estamos discutiendo: Dios castiga porque Él es amor; castiga a los pecadores porque los ama y porque ama a todos los hombres.

Los uruguayos y el alma

El día 3/03/2001 la empresa Factum publicó en "El Observador" los resultados de una encuesta nacional sobre las creencias de los uruguayos acerca de la existencia y la inmortalidad del alma humana.

La primera de las dos preguntas planteadas a los encuestados fue la siguiente: "Independientemente del cuerpo y de la mente, ¿usted diría que los seres humanos tenemos alma o no tenemos alma?" Dejando de lado su cuestionable prólogo, esta pregunta es suficientemente clara. Según los resultados publicados, el 84% respondió afirmativamente ("tenemos alma"), el 25% negativamente ("no tenemos alma") y el 4% expresó sus dudas al respecto ("no sabe"). Estos tres porcentajes suman 113%, por lo cual al menos uno de ellos debe ser erróneo. El encabezado y otros resultados publicados sugieren que el dato del 84% es correcto, pero la gráfica correspondiente sugiere lo contrario. Al lector no le es posible resolver este problema.

La segunda pregunta de Factum fue la siguiente: "¿Usted cree que el alma es inmortal, que sobrevive luego de la muerte del cuerpo?" La pregunta es bastante clara, pero su estructura dual parece haber confundido a muchos encuestados. Creer en la inmortalidad del alma equivale a creer en su supervivencia después de la muerte. Sin embargo, las respuestas a las dos partes de esta pregunta, que fueron computadas por separado, son notablemente diferentes. A favor de la inmortalidad del alma se pronunció el 55%, mientras que sólo un 29% se pronunció a favor de la vida después de la muerte.

Los resultados de la segunda parte de la segunda pregunta muestran que buena parte de los uruguayos son muy amigos de la ambigüedad y poco amigos de la lógica. En rigor sólo caben tres respuestas posibles: "Sí", "No" o "No sé". Pues bien, un 29% optó por la respuesta afirmativa ("hay otra vida"), otro 29% optó por la respuesta negativa ("no hay nada; la muerte es el fin de todo") y un 8% manifestó sus dudas ("no sabe"); pero, contrariando el principio lógico de tercero excluido, aparece una cuarta alternativa que reúne nada menos que el 34% de las respuestas: "Hay algo (no sabe qué)". Esta cuarta respuesta es una obra maestra de vaguedad, ya que puede ser interpretada en cualquier sentido (como un "Sí", un "No" o un "No sé").

Si a todo esto le agregamos las contradicciones (subrayadas acertadamente por Factum) entre estas respuestas y la autodefinición religiosa de los encuestados, parece ineludible concluir que por desgracia muchos uruguayos tienen serias dificultades para razonar con coherencia en esta materia.