domingo, mayo 24, 2009

Una oración del Cardenal Newman


Dios mío, tengo necesidad de Ti,
necesito que me instruyas cada día,
tal como lo exige la jornada.
Señor, ¡concédeme una conciencia iluminada,
capaz de percibir y comprender Tu inspiración!
Mis oídos están cerrados,
por eso no escucho Tu voz.
Mis ojos están tapados
y por eso no veo Tus signos.
Solamente Tú puedes abrir mis oídos y curar mi vista,
puedes purificar mi corazón.
Enséñame a estar sentado a Tus pies,
y a escuchar Tu palabra.
No me has creado sin una finalidad.
Tengo que completar Tu obra.
En el puesto que me has señalado,
tengo que ser mensajero de paz.

John Henry Newman

jueves, mayo 21, 2009

Jesús es nuestro Amigo


Daniel Iglesias Grèzes

“Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.” (Juan 15,15).

Jesucristo, el Dios-hombre, nos ha revelado que Dios es nuestro Padre, un Dios rico en misericordia, siempre dispuesto a amar y a perdonar a sus criaturas, un Padre lleno de bondad, que quiere hacernos hijos suyos y compartir con nosotros los tesoros de su vida divina.

En la persona de Jesús, Palabra de Dios hecha carne, resplandece la verdad y la santidad de Dios. En Él Dios se ha unido intimísimamente a la humanidad y nos ha amado con un corazón humano. Ese hombre concreto, Jesús de Nazaret, que es nuestro Señor y nuestro Dios, es también nuestro Hermano y nuestro Amigo, el Amigo fiel que nunca nos defrauda y siempre nos conduce hacia el Padre.

Jesús experimentó en su vida terrena la alegría de la amistad. Durante los tres años de su vida pública convivió con un pequeño grupo de amigos (los Doce) a quienes eligió y llamó “para que estuvieran con Él” (Marcos 3,14), para enseñarles su doctrina y su forma de vida y convertirlos en sus enviados (“apóstoles”).

La vida cristiana es vida en el Espíritu de Cristo, que nos enseña a llamar a Dios “Padre”, nos une a Él en Jesucristo y nos impulsa a seguir a Jesús. Esta vida es un don. Dios nos ofrece gratuitamente su amistad. Recibimos ese don cuando respondemos a Dios por medio de la fe y la conversión.

El seguimiento de Cristo no es una tarea individualista. El Espíritu Santo une en una sola comunidad (la Iglesia) a todos los “amigos de Jesús”, les recuerda las palabras de Jesús y lo hace presente en la Iglesia por medio de los santos sacramentos.

El punto central en el que cada comunidad cristiana se encuentra en verdadera comunión, y realiza su vocación y su misión, no puede ser otro que el mismo Jesucristo, Principio, Camino y Fin. Por eso cada comunidad cristiana debe procurar ser, humildemente, un punto de encuentro con Jesús, ayudando a sus miembros a escuchar, comprender y poner en práctica las palabras de Jesús, a seguir creciendo en la amistad con Él, por la oración y por el amor que se manifiesta en obras buenas. Ése es el fin que persiguen la Iglesia entera y cada una de sus partes.

Cada cristiano y cada comunidad cristiana, llevando la carga de sus muchas limitaciones, deben perseverar en su labor evangelizadora. Sólo Dios sabe hasta qué punto hemos cumplido eficazmente nuestro objetivo; pero nos consuela saber que la semilla del Reino de Dios crece de noche y de día por su fuerza intrínseca, más allá de las virtudes y los defectos de sus sembradores.

miércoles, mayo 20, 2009

Capitalismo, ¿sí o no? (Juan Pablo II)


Volviendo ahora a la pregunta inicial, ¿se puede decir quizá que, después del fracaso del comunismo, el sistema vencedor sea el capitalismo, y que hacia él estén dirigidos los esfuerzos de los países que tratan de reconstruir su economía y su sociedad? ¿Es quizá éste el modelo que es necesario proponer a los países del Tercer Mundo, que buscan la vía del verdadero progreso económico y civil?

La respuesta obviamente es compleja. Si por «capitalismo» se entiende un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta ciertamente es positiva, aunque quizá sería más apropiado hablar de «economía de empresa», «economía de mercado», o simplemente de «economía libre». Pero si por «capitalismo» se entiende un sistema en el cual la libertad, en el ámbito económico, no está encuadrada en un sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad humana integral y la considere como una particular dimensión de la misma, cuyo centro es ético y religioso, entonces la respuesta es absolutamente negativa.

La solución marxista ha fracasado, pero permanecen en el mundo fenómenos de marginación y explotación, especialmente en el Tercer Mundo, así como fenómenos de alienación humana, especialmente en los países más avanzados; contra tales fenómenos se alza con firmeza la voz de la Iglesia. Ingentes muchedumbres viven aún en condiciones de gran miseria material y moral. El fracaso del sistema comunista en tantos países elimina ciertamente un obstáculo a la hora de afrontar de manera adecuada y realista estos problemas; pero eso no basta para resolverlos. Es más, existe el riesgo de que se difunda una ideología radical de tipo capitalista, que rechaza incluso el tomarlos en consideración, porque a priori considera condenado al fracaso todo intento de afrontarlos y, de forma fideísta, confía su solución al libre desarrollo de las fuerzas de mercado.

La Iglesia no tiene modelos para proponer. Los modelos reales y verdaderamente eficaces pueden nacer solamente de las diversas situaciones históricas, gracias al esfuerzo de todos los responsables que afronten los problemas concretos en todos sus aspectos sociales, económicos, políticos y culturales que se relacionan entre sí (84). Para este objetivo la Iglesia ofrece, como orientación ideal e indispensable, la propia doctrina social, la cual —como queda dicho— reconoce la positividad del mercado y de la empresa, pero al mismo tiempo indica que éstos han de estar orientados hacia el bien común. Esta doctrina reconoce también la legitimidad de los esfuerzos de los trabajadores por conseguir el pleno respeto de su dignidad y espacios más amplios de participación en la vida de la empresa, de manera que, aun trabajando juntamente con otros y bajo la dirección de otros, puedan considerar en cierto sentido que «trabajan en algo propio» (85), al ejercitar su inteligencia y libertad.

El desarrollo integral de la persona humana en el trabajo no contradice, sino que favorece más bien la mayor productividad y eficacia del trabajo mismo, por más que esto puede debilitar centros de poder ya consolidados. La empresa no puede considerarse únicamente como una «sociedad de capitales»; es, al mismo tiempo, una «sociedad de personas», en la que entran a formar parte de manera diversa y con responsabilidades específicas los que aportan el capital necesario para su actividad y los que colaboran con su trabajo. Para conseguir estos fines, sigue siendo necesario todavía un gran movimiento asociativo de los trabajadores, cuyo objetivo es la liberación y la promoción integral de la persona.

A la luz de las «cosas nuevas» de hoy ha sido considerada nuevamente la relación entre la propiedad individual o privada y el destino universal de los bienes. El hombre se realiza a sí mismo por medio de su inteligencia y su libertad y, obrando así, asume como objeto e instrumento las cosas del mundo, a la vez que se apropia de ellas. En este modo de actuar se encuentra el fundamento del derecho a la iniciativa y a la propiedad individual. Mediante su trabajo el hombre se compromete no sólo en favor suyo, sino también en favor de los demás y con los demás: cada uno colabora en el trabajo y en el bien de los otros. El hombre trabaja para cubrir las necesidades de su familia, de la comunidad de la que forma parte, de la nación y, en definitiva, de toda la humanidad (86). Colabora, asimismo, en la actividad de los que trabajan en la misma empresa e igualmente en el trabajo de los proveedores o en el consumo de los clientes, en una cadena de solidaridad que se extiende progresivamente. La propiedad de los medios de producción, tanto en el campo industrial como agrícola, es justa y legítima cuando se emplea para un trabajo útil; pero resulta ilegítima cuando no es valorada o sirve para impedir el trabajo de los demás u obtener unas ganancias que no son fruto de la expansión global del trabajo y de la riqueza social, sino más bien de su compresión, de la explotación ilícita, de la especulación y de la ruptura de la solidaridad en el mundo laboral (87). Este tipo de propiedad no tiene ninguna justificación y constituye un abuso ante Dios y los hombres.

La obligación de ganar el pan con el sudor de la propia frente supone, al mismo tiempo, un derecho. Una sociedad en la que este derecho se niegue sistemáticamente y las medidas de política económica no permitan a los trabajadores alcanzar niveles satisfactorios de ocupación, no puede conseguir su legitimación ética ni la justa paz social (88). Así como la persona se realiza plenamente en la libre donación de sí misma, así también la propiedad se justifica moralmente cuando crea, en los debidos modos y circunstancias, oportunidades de trabajo y crecimiento humano para todos.

84) Cf. ibid. Pablo VI, Cart. Ap. Octogesima adveniens, 2-5: l. c., 402-405.
85) Cf. Enc. Laborem exercens, 15: l. c., 616-618.
86) Cf. ibid., 10: l. c., 600-602.
87) Cf. ibid., 14: l. c., 612-616.
88) Cf. ibid., 18: l. c., 622-625.

(Juan Pablo II, Carta Encíclica Centesimus Annus en el centenario de la Rerum Novarum, 1/05/1991, nn. 42-43).

martes, mayo 19, 2009

Ecología y aborto (José Delicado Baeza)

Ese ser humano, que comienza por una sola célula, no es una larva de animal irracional. A los que sólo tienen ojos materialistas para contemplarlo, habría que decirles que la persona adulta está compuesta por 30 millones de millones de células. En el claustro materno -suponiendo que el hombre viva tres cuartos de siglo por término medio-, al permanecer tres cuartos de año, pasa el 1% de su vida. A partir de esa célula inicial, para llegar a esa “millonaria” adultez celular, se necesitan 45 multiplicaciones o generaciones celulares. Pues bien, 30 de esas divisiones celulares ya se han verificado antes de la octava semana de gestación y, al nacer, 41 de las 45 divisiones. Es decir, en el 1% del tiempo de nuestra existencia total, el 90% del desarrollo celular se ha realizado ya dentro del útero materno. Aparte están los datos biológicos de su evolución lineal, sin saltos cualitativos y, por eso, la conclusión de que se trata de un ser enteramente humano desde el inicio; datos a los que se añade la reflexión filosófica, que descubre una persona humana, y la teológica, que intuye su vocación como hijo de Dios. La conclusión inequívoca es que el aborto elimina vidas humanas inocentes e indefensas.

(…)

La reciente tragedia de la central nuclear rusa de Chernobil, con todo el significado potencial de amenazas que estas centrales comportan, es menos peligrosa para la vida humana que las legislaciones abortivas en curso.

“Así lo quiero, así lo mando; sustituya mi deseo a la razón.” Este principio del poder despótico puede tener ramificaciones, más o menos justificadas, en sociedades democráticas. Pero cuando se procede así, crujen los cimientos jurídicos en que está edificada esa comunidad sobre la que se toman tan arbitrarias decisiones. No lo duden. Por eso nos dijo el Papa en Madrid: “Nunca se puede legitimar la muerte de un inocente. Se minaría el mismo fundamento de la sociedad.”

(José Delicado Baeza – Arzobispo de Valladolid, Conversaciones cristianas al caer la tarde. Apologética de hoy, Sociedad de Educación Atenas, Madrid, IV, 16, pp. 190-191).

lunes, mayo 18, 2009

El Gran Jubileo

Daniel Iglesias Grèzes

Breve reseña de: Juan Pablo II, Tertio millenio adveniente, carta apostólica en preparación al Jubileo del año 2000.

Hace unos dos mil años, “al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer” (Gálatas 4,4). En la Encarnación Dios se introdujo en la historia del hombre. Jesucristo, Palabra encarnada y Señor del tiempo, es el mismo ayer, hoy y siempre (cf. Hebreos 13,8). En Él el tiempo llegó a ser una dimensión de Dios, quien en Sí mismo es eterno. De esta relación de Dios con el tiempo nace el deber de santificarlo. Desde esta perspectiva se hace comprensible la tradición católica de los jubileos. El jubileo o año santo, año de gracia del Señor, es un tiempo de conversión, de reconciliación y de alegría por la presencia de Dios y de su acción salvífica.

El Papa Juan Pablo II habló explícitamente del Gran Jubileo del año 2000 desde su primera carta encíclica y volvió sobre ese tema constantemente. Mediante la carta apostólica Tertio millenio adveniente (“Mientras se aproxima el tercer milenio”), Juan Pablo II invitó a cada cristiano y a toda la Iglesia a prepararse adecuadamente para celebrar el Gran Jubileo, viviendo el período de espera como un nuevo adviento. La mejor preparación sería el renovado compromiso de aplicar fielmente las enseñanzas del Concilio Vaticano II, que inauguró la espera del Gran Jubileo. La docilidad de los cristianos a la acción del Espíritu Santo haría que el Gran Jubileo se manifestara como una nueva primavera de la vida cristiana.

Dado que no puedo expresar aquí toda la riqueza de este importante documento papal, me limitaré a presentar su programa de preparación del Gran Jubileo, elaborado luego de una amplia consulta a los Obispos y Cardenales del mundo entero. Dicha preparación tendría dos fases.

La primera fase (1995-1996) sería ante-preparatoria y se caracterizaría por un serio examen de conciencia de la Iglesia, para que ésta asumiera con una conciencia más viva el pecado de sus hijos, recordando los pecados contra la unidad del Pueblo de Dios, la aquiescencia con métodos de intolerancia y de violencia en el servicio a la verdad, las responsabilidades de los cristianos en relación a los males de nuestro tiempo, la imperfecta recepción del último Concilio, etc. En esta fase la Iglesia prestaría gran atención al testimonio de los santos y mártires de nuestro tiempo. En ese período se harían también Sínodos de carácter continental. En América se llevaría a cabo el primer Sínodo panamericano.

La segunda fase, la propiamente preparatoria, se desarrollaría a lo largo de tres años (1997-1999) y tendría una estructura trinitaria:
· 1997 sería un año dedicado a Cristo, único Salvador del mundo, a la Sagrada Escritura, al sacramento del Bautismo (fundamento de la existencia cristiana), a la virtud de la fe, al testimonio, a la catequesis, y a María como Madre del Hijo de Dios.
· 1998 sería un año dedicado al Espíritu Santo y a su presencia santificadora en la Iglesia, al sacramento de la Confirmación, a la nueva evangelización, a la virtud de la esperanza, a la unidad de la Iglesia, y a María como mujer dócil a la voz del Espíritu.
· 1999 sería un año dedicado al camino hacia Dios Padre, al sacramento de la Penitencia, a la virtud de la caridad, a la opción preferencial por los pobres, a la confrontación con el secularismo, al diálogo interreligioso, y a María como hija predilecta del Padre.

Finalmente, el año 2000 se celebraría el Gran Jubileo, con el objetivo de la glorificación de la Santísima Trinidad. Sería un año dedicado intensamente al sacramento de la Eucaristía. En Roma se celebraría un Congreso Eucarístico Internacional. El Papa aspiraba a que ese año se realizara además un significativo encuentro pan-cristiano.

Al final de esta carta apostólica, Juan Pablo II invitó a los fieles a orar al Señor para que el Espíritu Santo moviera sus corazones, disponiéndolos a celebrar con renovada fe y generosa participación el gran acontecimiento jubilar.

sábado, abril 18, 2009

El milagro de los monos literatos (Parte 2)

Daniel Iglesias Grézes

Este artículo es una continuación de: Daniel Iglesias Grézes, Un argumento contra el neodarwinismo. El milagro de los monos literatos.

Para comenzar, recordemos la primera frase de la gran novela de Miguel de Cervantes, “Don Quijote de la Mancha”:
“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.”

Esta frase consta de 177 caracteres, contando los espacios en blanco. Considerando únicamente las 27 letras simples del idioma español, más el espacio en blanco, el punto y la coma (y sin considerar, por ejemplo, los tildes), tenemos un conjunto de 30 caracteres.

El número de textos distintos que es posible formar combinando al azar 177 de esos caracteres es 30 exp (177). Dado que log 30 = 1,477 (aproximadamente), 30 exp (177) = 10 exp (1,477 x 177) = 10 exp (261) (aproximadamente).

Podemos hacernos una idea de la enormidad de este número si tomamos en cuenta que la cantidad total estimada de partículas subatómicas (protones, neutrones y electrones) del Universo es del orden de 10 exp (80). Véase por ejemplo:
http://www.portalplanetasedna.com.ar/cien03.htm

Esto significa que la probabilidad de que un mono dotado de una máquina de escribir tipee al primer intento la frase citada es muchísimo menor que la de que alguien, eligiendo al azar una de entre todas las partículas subatómicas del Universo, acierte a dar con una determinada arbitrariamente (la versión cósmica de “encontrar una aguja en un pajar”).

Más aún. Imaginemos, por puro afán especulativo, que existiese un mega-universo (o “universo de segundo orden”) formado por tantos “universos de primer orden” (semejantes al nuestro) como partículas subatómicas hay en nuestro universo. Dentro de ese imaginario mega-universo, nuestro universo sería relativamente tan pequeño como lo es un protón dentro del universo conocido. Pues bien, la cantidad total de partículas subatómicas en ese mega-universo sería del orden de 10 exp (80) x 10 exp (80), es decir 10 exp (160). Este número enormísimo es todavía mucho menor a la cantidad de textos posibles con 177 caracteres. Por lo tanto, aunque extendiéramos la “lotería cósmica” al nivel de ese imaginario macro-universo, la probabilidad de escoger la partícula subatómica correcta sería aún mucho mayor que la probabilidad de acierto de nuestro pobre “mono literato”.

Y si, dejando volar aún más nuestra imaginación, supusiéramos la existencia de un “universo de tercer orden”, formado por 10 exp (80) “universos de segundo orden”, la cantidad total de partículas subatómicas sería 10 exp (240), todavía muy inferior a la cantidad de permutaciones posibles de la primera frase de “Don Quijote de la Mancha”.

Ésa es la poderosísima razón que hace que cualquier ser humano, al ver un texto como el citado, adquiera en forma intuitiva e inmediata una certeza total de que dicho texto es el producto de un agente inteligente, no de ningún proceso puramente aleatorio, como el del “mono literato”. Por lo mismo, y con mayor razón aún (si cabe hablar así en este caso), esa certeza inconmovible es válida también ante el texto completo de “Don Quijote de la Mancha”, novela compuesta de miles de frases, de las cuales la citada es sólo la primera.

Pasemos ahora del ámbito de la información literaria al de la información biológica. Ésta está contenida fundamentalmente en las moléculas de ADN (Ácido Desoxirribo-Nucleico). El ADN almacena información –las instrucciones para ensamblar proteínas, que constituyen el principal componente de las células- bajo la forma de un código digital de cuatro caracteres: A, G, C y T, que corresponden respectivamente a la adenina, la guanina, la citosina y la timina, cuatro sustancias llamadas apropiadamente “bases” (cf. Lee Strobel, The Case for a Creator, Zondervan, Grand Rapids, Michigan, 2004, C. 9 – The Evidence of Biological Information: The Challenge of DNA and the Origin of Life).

El genoma de un virus puede estar compuesto, por ejemplo, por unas 20.000 bases. La cantidad total de permutaciones posibles de 20.000 bases es 4 exp (20.000). Dado que log 4 = 0,60206 (aproximadamente), resulta que 4 exp (20.000) = 10 exp (0,60206x20.000) = 10 exp (12.041) (aproximadamente). Este número es tan enorme que la probabilidad de que esta información biológica (tan genial como la información contenida en una obra maestra literaria) sea únicamente producto del azar (por ejemplo, de mutaciones genéticas aleatorias) es tan abismalmente baja que debe ser despreciada.

Si, finalmente, consideramos que el genoma humano está compuesto por unos tres mil millones de bases, por lo cual la cantidad total de permutaciones posibles es 4 exp (3.000.000.000) = 10 exp (1.806.180.000) (aprox.), podemos tomar conciencia de que la credulidad requerida para aceptar que el azar es la única causa del origen del genoma humano, como quiere el neodarwinismo, es realmente abismal, inconcebiblemente mayor que la requerida para creer en el “milagro de los monos literatos”.

La reflexión acerca de estos datos de la ciencia contemporánea es la razón fundamental que ha impulsado a Antony Flew, el filósofo ateo más famoso del mundo, a cambiar de idea y anunciar que ahora cree en la existencia de Dios, el Creador del mundo, de la vida y de la información genética contenida en los seres vivientes.

lunes, abril 13, 2009

La Iglesia Católica y las universidades católicas


Daniel Iglesias Grèzes

Me propongo comentar la parte final del editorial de la revista Lazos, Publicación de la Universidad Católica del Uruguay, Nº 9, diciembre de 2000 (página 2). Dicho editorial fue firmado por el Dr. José Luis Mendizábal SJ, en aquel entonces Rector de la referida Universidad. Reproduzco el texto del editorial en letras negritas, intercalando mis comentarios en letra normal.


"Ésas son las bases económicas, administrativas y humanas que hacen posible que una universidad sea un verdadero servicio educativo de calidad. Pero nosotros somos una Universidad Católica. Hay una identidad, una manera de ser en el mundo. Que no es mejor ni peor que otras, es distinta.”

El autor sostiene que la "manera de ser" católica no es mejor ni peor que las "maneras de ser" no católicas, es decir las “maneras de ser” atea, budista, musulmana, judía o protestante, por ejemplo. Esta afirmación indiferentista contradice la fe católica, que considera al cristianismo como la única religión verdadera, a la Iglesia Católica como la única Iglesia de Cristo, a Cristo como el único Salvador del mundo, a la fe cristiana como necesaria para la salvación, etc. Es verdad que dentro del amplio espacio de la ortodoxia caben distintos desarrollos y explicaciones teológicas de estos y de otros dogmas fundamentales, pero la tesis del autor excede el legítimo pluralismo teológico y se coloca claramente fuera de la cosmovisión católica.

Incluso restringiendo el sentido de la expresión "manera de ser" a las universidades, y dejando así de lado a las personas que las componen, resulta evidente que el Rector de una Universidad Católica debería estar convencido de que, ceteris paribus, una universidad católica es mejor que (por ejemplo) una universidad secularista. Cito en mi apoyo a un eminente teólogo católico:

"Digo entonces, que si una Universidad es, por su misma naturaleza, un lugar de instrucción donde es impartido el saber universal, y si en una cierta así llamada Universidad es excluido el argumento de la religión, es inevitable una de estas dos conclusiones: o, por un lado, que el campo de la religión está totalmente vacío de saber real; o, por el otro, que en tal Universidad es omitida una especial e importante rama del saber. Yo afirmo que el defensor de una tal institución debe consentir a esto o a aquello; él debe admitir, o que nosotros conocemos poco o nada acerca del Ser Supremo, o que su centro de instrucción se da un nombre que no corresponde a la realidad." (John Henry Newman, Idea de una Universidad, 66).

“Es un camino peculiar que la comunidad educativa de la Universidad Católica del Uruguay debe recorrer para justificar su propia pertinencia. Esto respetando y pidiendo respeto en una sociedad plural como la uruguaya, asumiendo la pluralidad en nuestras aulas,…”

Según el Dr. Mendizábal, la Universidad Católica debe asumir la pluralidad en sus aulas. Yo estoy de acuerdo si esto significa respetar a todas las personas, cualesquiera fueren sus creencias, pero no si esto significa poner en pie de igualdad todas las ideas, sean concordantes o discordantes con la fe católica que una Universidad Católica tiene el deber de irradiar. Por ejemplo, en una Universidad Católica no se puede -so pretexto de una pluralista libertad de cátedra- enseñar como verdadera la tesis freudiana de que la religión es una neurosis obsesiva que la humanidad padece de modo colectivo.

“… comprometidos con valores aceptados por todas las personas de buena voluntad.”

También me parece muy equívoca la afirmación de que la Universidad Católica debe comprometerse con los valores comunes a todas las personas de buena voluntad. Una Universidad Católica está comprometida con Jesucristo y con la difusión de Su Evangelio a toda criatura, no con un máximo común denominador ético. La religión cristiana no se reduce a una moral; y la doctrina moral católica es verdadera y relevante aunque no alcance el consenso de todos los hombres de buena voluntad.

“La Iglesia Católica tiene casi un milenio de experiencia sobre universidades, en su seno nació y se conoció el principio de autonomía, ya en el siglo trece. No todo en la Iglesia fue inquisición u oscurantismo.”

Aunque en rigor lógico el juicio "No todo en la Iglesia fue inquisición u oscurantismo" es verdadero, se trata de un caso flagrante de understatement. Es probable que la mayoría de los lectores interprete la frase en cuestión así: en la Iglesia hubo mucha oscuridad, pero también un poco de luz. Sin embargo, la verdad es que en la historia de la Iglesia abunda mucho más la luz que la oscuridad, la verdad que el error, la gracia que el pecado (cf. Romanos 5,20). El sincero reconocimiento de los errores y pecados de los hijos de la Iglesia no debe hacernos olvidar este hecho portentoso.

“La historia de las Universidades Católicas demuestra que también desde la fe, desde el ser creyentes se puede hacer ciencia, se puede vitalizar la cultura, se puede ser innovador."

De nuevo el autor se queda muy corto respecto a lo que cabría haber dicho sobre este tema. La fe no sólo no se opone a la razón, sino que la perfecciona. La tarea del creyente intelectual no es sólo vitalizar la cultura sino también evangelizarla, recrear una cultura cristiana.

“Un año termina, comienza un nuevo siglo. Que la verdad nos haga siempre libres como dice nuestro escudo. Una reflexión imperativa en el 15º aniversario de nuestra Universidad.”

Concluiré mi comentario con otra reflexión que se impone por sí misma. Efectivamente, el lema de la Universidad Católica del Uruguay es Veritas liberabit vos (“La verdad os hará libres” – Juan 8,32). Recordemos algo del contexto de esa frase: “Jesús dijo a aquellos judíos que habían creído en él: «Si ustedes permanecen fieles a mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos: conocerán la verdad y la verdad los hará libres».” (Juan 8,31-32). Fácilmente se concluye que, desde la perspectiva de la fe cristiana, la verdad que nos liberará es sólo la verdad revelada por Cristo, la Verdad que Él mismo personifica.

domingo, abril 12, 2009

¡Felices Pascuas de Resurrección!



Secuencia del Domingo de Pascua
Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.
Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.

«¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?»
«A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,

los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!
Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.»
Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.
Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa.

viernes, abril 10, 2009

Busco Tu rostro (San Anselmo de Canterbury)

Deja un momento tus ocupaciones habituales, hombre insignificante.
Entra un instante en ti mismo, apartándote del tumulto de tus pensamientos.
Arroja lejos de ti las preocupaciones agobiantes y aparta de ti las inquietudes que te oprimen.
Reposa en Dios un momento.
Descansa siquiera un momento en Él.
Entra en lo más profundo de tu alma.
Aparta de ti todo, excepto a Dios y todo lo que pueda ayudarte a alcanzarlo.
Cierra la puerta de tu habitación y búscalo en el silencio.
Di con todas tus fuerzas, di al Señor:
“Busco Tu rostro. Tu rostro busco, Señor”.
Y ahora, Señor y Dios mío, enséñame dónde y cómo tengo que buscarte, dónde y cómo Te encontraré.
Si no estás en mí, Señor, si estás ausente, ¿dónde Te buscaré?
Si estás en todas partes, ¿por qué no Te veo aquí presente?
Es cierto que Tú habitas en una luz inaccesible, pero ¿dónde está esa luz que no se extingue?
¿Cómo me aproximaré a ella?
¿Quién me guiará y me introducirá en esa luz para que en ella Te contemple?
¿Bajo qué signos, bajo qué aspectos Te buscaré?
Nunca Te he visto, Señor y Dios mío.
No conozco Tu rostro.
Dios Altísimo, ¿qué hará este desterrado lejos de Ti?
¿Qué hará este servidor Tuyo sediento de Tu amor, que se encuentra alejado de Ti?
Desea verte y Tu rostro está muy lejos de él.
Anhela acercarse a Ti y no puede acceder a Tu morada.
Anda en deseos de encontrarte e ignora dónde vives.
No suspira más que por Ti y jamás ha visto Tu rostro.
Señor, Tú eres mi Dios, Tú eres mi Señor y nunca Te he visto.
Tú me creaste y me redimiste, Tú me has dado todos los bienes que poseo y aún no Te conozco.
He sido creado para verte y todavía no he podido alcanzar el fin para el cual fui creado.
Y Tú, Señor, escúchanos, ilumínanos, muéstrate a nosotros.
Colma nuestros deseos y seremos felices.
Sin Ti todo es hastío y tristeza.
Ten piedad de nuestros trabajos y de los esfuerzos que hacemos por llegar hasta Ti, ya que sin Ti nada podemos.
Enséñanos a buscarte.
Muéstrame Tu rostro, porque si Tú no me lo enseñas no puedo buscarte.
Te buscaré deseándote.
Te desearé buscándote.
Amándote, Te encontraré.
Encontrándote, Te amaré.

San Anselmo de Canterbury, Proslogion.

jueves, abril 09, 2009

Santa Catalina de Siena (29 de abril)

En el siglo XIV la Iglesia vivió una gran crisis. Un hecho simboliza esa crisis: desde 1304 la cristiandad no veía al Papa en la cátedra de San Pedro, en Roma. A partir de Clemente V, el Papa se estableció en Aviñón, donde estaba políticamente sometido al rey de Francia. Para enfrentar esa profunda crisis, la Providencia eligió a una joven analfabeta, Catalina.

En 1348 la epidemia de peste negra devastó Toscana. La ciudad de Siena perdió la mitad de sus habitantes. En ese año terrible nació en la familia Benincasa (tintoreros de Fontebranda) la hija número 24: Catalina.

La historia de Catalina muestra tangiblemente la acción del Espíritu Santo, capaz de tocar el corazón de cada uno y regenerar la vida cristiana.

Catalina nunca fue a la escuela. Le costó ser admitida en la Tercera Orden dominica, compuesta de seglares, pues era demasiado joven (16 años) y muy bella. Su madre, con gran tenacidad, intentó hasta último momento que Catalina se casara.

La fe de Catalina fue una fe sencilla, centrada en el “dulce Jesús”, la oración, el ayuno y la caridad vivida entre los enfermos, los leprosos y los presos. En torno a Catalina se reunió un grupo de persona (en su mayoría jóvenes) que la seguían a todas partes. Le llamaban “la hermosa cuadrilla”.

El 30 de diciembre de 1370 subió al trono pontificio el Papa Gregorio XI, quien no fue santo ni muy docto. Coaccionado por el rey de Francia y por el Colegio Cardenalicio (francés en su mayor parte), el Papa se encontraba atemorizado. Temía ser envenenado.

Catalina viaja a Aviñón para hablar con el Papa y le escribe centenares de cartas, exhortándolo a volver a Roma. Ella, que venera al sucesor de Pedro (lo llama “el dulce Cristo en la tierra”), también lo reprende, lo corrige y lo instruye con un vigor y una seguridad sorprendentes. A Catalina el Papa Gregorio XI le parece timorato y se le presenta como un hijo que confía sus cosas a su madre. A pesar de su poder absoluto, Gregorio XI reconoce que debe obedecer a Catalina. En esta historia sale a relucir la paradójica relación que existe, en la Iglesia, entre autoridad y santidad.

Catalina interviene en la elección de los cardenales y trata acuerdos políticos por cuenta del Papa. Lo guía: “Os ruego y os obligo… Venid Padre y no hagáis esperar más a los siervos de Dios que se afligen por el deseo. Venid y no pongáis resistencia a la voluntad de Dios que os llama” (a Roma).

Catalina pone en guardia al Papa contra los “consejeros del demonio” y los “lobos feroces que os pondrán la cabeza en el regazo como mansos corderos”. Le da consejos de alta política enseñándole un “santo engaño” para sustraerse al poder del Colegio Cardenalicio. Pero cuando ve temblar al Papa por miedo de que lo maten, lo exhorta: “Poneos como objeto este Cordero desangrado. En su sangre perderéis todo temor; os volveréis y seréis Pastor bueno que daréis la vida por vuestras ovejas”.

Ante los últimos obstáculos, Catalina se muestra dura con Gregorio XI: “Puesto que ello os ha dado autoridad y vos la habéis aceptado, debéis usar vuestra virtud y potencia; y no queriéndola usar sería mejor renunciar a la que habéis tomado: más honor para Dios y para vuestra alma sería… Yo en vuestro lugar temería que el Divino juicio cayese sobre mí”.

Por fin, la victoria: el Papa salió hacia Roma el 16 de septiembre de 1376, poniendo fin al funesto “cautiverio de Aviñón”. Dos años después murió y la Iglesia debió enfrentar el Cisma de Occidente; pero Catalina ha cumplido su misión. Extenuada por las enormes responsabilidades que el Papa le da, llamándola a Roma, muere el 29 de abril de 1380, llevando en su carne los estigmas del Crucificado: “He consumido mi vida y la he dado en la Iglesia y por la Iglesia”.

Fuente: Revista “30 Días en la Iglesia y en el Mundo”, Nº 43.
(Artículo resumido por Daniel Iglesias Grèzes).