jueves, octubre 02, 2008

La religión verdadera

Ing. Daniel Iglesias Grèzes

Pregunta:
¿Cómo es posible que los católicos crean que la religión católica es la única religión verdadera, la más completa o la mejor? ¿No es intolerancia creer que la Iglesia Católica es la única poseedora de la verdad y que sólo en ella está la salvación plena? ¿No es cierto que todas las religiones tienen objetivos válidos y enseñan a amar a los demás? Al fin y al cabo, si hubiéramos nacido en un país asiático o en siglos pasados, probablemente seríamos no cristianos. ¿El acceso a la “salvación plena” puede depender de nuestra ubicación geográfica o histórica?
¿Y no es un signo de arrogancia llamar “hermanos separados” a los cristianos no católicos? ¿No serían más bien los católicos los verdaderos “hermanos separados”, por haberse separado de la religión judía en el siglo I? ¿No sería mejor que la gente fuera más unida en materia interreligiosa y dejara de lado todo sentimiento de superioridad?

Respuesta:
Por razones válidas, el católico cree que Dios ha querido revelarse a Sí mismo en la persona de Jesucristo y fundar la Iglesia católica (es decir, universal), como continuadora de la misión salvífica de Cristo. Aceptar, por medio de la obediencia de la fe, la voluntad de Dios revelada en Jesucristo no es arrogancia, sino, muy por el contrario, verdadera humildad. El católico no se cree dueño de la verdad, sino humilde portador de algunas verdades fundamentales, que lo sobrepasan infinitamente. Se ve a sí mismo más bien como una pobre vasija de barro que transporta un tesoro.

Verdadera arrogancia, en cambio, es pretender que la inteligencia y la voluntad infinitas de Dios se sometan a los dictados de la razón o los sentimientos del hombre, ser finito. El hombre no es capaz de juzgar a Dios. Es Él quien nos juzgará a nosotros. La pretensión (de raíces racionalistas) de obligar a Dios a seguir nuestras ideas sobre la mejor forma de planificar u organizar la historia de salvación es profundamente absurda.

En definitiva no percibes el carácter sobrenatural de la Iglesia. Negarle a los cristianos el derecho de creer que el cristianismo es la religión verdadera equivale a negarle a Dios (la Verdad infinita) el derecho a autorrevelarse cuando y como Él quiera; pero también implica el considerar a la Iglesia sólo como una sociedad humana más, en el fondo igual a otra cualquiera.

No se puede negar que entre las distintas religiones hay diferencias esenciales, que hacen imposible que todas ellas sean verdaderas al mismo tiempo y en el mismo sentido.

La doctrina católica sostiene la posibilidad de salvación de las personas no cristianas de buena voluntad y a la vez afirma que la Iglesia Católica es el medio ordinario de salvación querido por Dios, provisto de la plenitud de los medios de salvación.

En la parábola de los talentos, Jesús nos enseña que a cada uno se le pedirá en función de lo que se le ha dado. Al que se le dio más, se le pedirá más; y al que se le dio menos, se le pedirá menos. Pero sería muy mezquino -y denotaría no haber captado el espíritu del Evangelio- conformarse con haber recibido menos para que las exigencias sean menores.

La Iglesia es el nuevo Israel, el Pueblo de la Nueva Alianza sellada en la Cruz con la sangre derramada del Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo. La relación del Nuevo Testamento con el Antiguo Testamento es a la vez de continuidad y de superación. La Nueva Alianza perfecciona y lleva a plenitud la religión de la Antigua Alianza. Las expectativas mesiánicas de Israel se cumplieron (y de forma superabundante) por medio de la Encarnación del Hijo de Dios.

Los primeros cristianos fueron judíos. Como dice el libro de los Hechos de los Apóstoles, la primitiva comunidad cristiana siguió rezando en el Templo de Jerusalén. Hacia el año 50, cuando el cristianismo comenzó a difundirse más rápidamente entre los gentiles (no judíos), los Apóstoles discernieron que no era necesario que los gentiles convertidos al cristianismo se circuncidasen y adoptaran todos los ritos y las normas del judaísmo. El conflicto entre judíos y cristianos fue creciendo y tiempo después estos últimos fueron expulsados de la Sinagoga. No obstante, un judío (incluso hoy) puede volverse cristiano sin dejar de ser judío, en la medida en que comprenda al judaísmo como fe en el Antiguo Testamento, esencialmente abierta a una ulterior revelación y acción de Dios en la historia.

La Iglesia Católica reconoce la validez del bautismo de los ortodoxos, anglicanos y muchos protestantes y por lo tanto los considera como verdaderos cristianos, hermanos en la fe. A la vez el católico cree que los cristianos no católicos están en comunión imperfecta con la Iglesia una y católica, puesto que, en distintos momentos históricos, se separaron de la plena comunión (doctrinal, sacramental y jerárquica) con ella. La expresión "hermanos separados" sintetiza los dos elementos de la relación entre católicos y cristianos no católicos. Somos hermanos en Cristo, estamos unidos en una sola Iglesia por un solo bautismo; pero por desgracia muchos cristianos no están en plena comunión de fe y de vida con la única Iglesia de Cristo, que subsiste en la Iglesia Católica (véase el Concilio Vaticano II, constitución Lumen Gentium y decreto Unitatis Redintegratio).

Los buenos católicos no tienen ningún sentimiento de superioridad sobre los no católicos. Saben que han sido elegidos por Dios, sin mérito alguno de su parte, y que son cristianos por la gracia de Dios. Como enseña San Pablo, el cristiano no se gloría de nada, sino de Cristo, y Cristo crucificado. Ahora bien, el respeto profundo y el verdadero amor a los no cristianos y no católicos no implica el indiferentismo o relativismo religioso.

Jesús dio el mandamiento nuevo, el mandamiento del amor, sólo a sus discípulos, y mandó a éstos ir por todo el mundo predicando el Evangelio a toda criatura, enseñándoles a cumplir todo lo que Él les mandó. "El que crea y sea bautizado, se salvará. El que no crea se condenará" (final del Evangelio de Marcos). Esto hay que entenderlo en el contexto de toda la Revelación cristiana: "Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (1 Timoteo 4). Por caminos que sólo Él conoce, Dios va guiando a muchos no cristianos por el camino de la salvación, que supone una fe implícita (y tal vez inconsciente) en Cristo.

Nada de todo esto es irracional o injusto. Dios nos ha creado, nos ha dado una naturaleza humana inteligente y libre y una apertura a (y una sed de) una posible revelación Suya. Nos ha llamado (vocación) a unirnos a Él en el amor (comunión) y a invitar a otros a participar de esa misma unión (misión). En eso consiste la verdad de nuestro ser y la felicidad de nuestra existencia. Y esa unión de fe, esperanza y amor entre el hombre y Dios tiene consecuencias concretas, muy lógicas.

Si tienes algo de fe, te puede servir repetir la oración de un personaje del Evangelio: "Señor, yo creo, pero aumenta mi fe".

miércoles, octubre 01, 2008

¿Es necesario ser cristiano?

Ing. Daniel Iglesias Grèzes

Pregunta:
He tenido contacto tanto con comunidades católicas como con comunidades evangélicas, pero no me he sentido a gusto en ellas, porque no comparto todas sus creencias. A veces pienso que es mejor no frecuentar ninguno de esos grupos, porque eso me hace sentir mejor. ¿A qué se puede deber el hecho de que el no pertenecer a una religión me haga sentir más cercano a Dios y que el formar parte de un grupo religioso me lleve a dudar de muchas cosas? ¿Es necesaria la religión para estar en relación con Dios o será mejor ser deísta?

Respuesta:
La fe católica es fe en Dios, en Jesucristo y en la Iglesia (en ese orden jerárquico).

El Dios del deísmo es un Dios lejano, que no interfiere con la vida de los hombres. Es el Creador (los masones lo llaman “Gran Arquitecto Del Universo”), pero su relación con el mundo se parece a la de un relojero que fabrica un reloj, le da cuerda para echarlo a andar y luego lo deja solo, desinteresándose de él. Para los deístas, un Dios lleno de amor y misericordia por los seres humanos sería algo tan extraño o absurdo como un hombre locamente apasionado por las hormigas. Por eso el deísmo teórico es compatible con un ateísmo práctico. El deísta puede vivir como si Dios no existiera, ya que al fin de cuentas un Dios así tiene escasa importancia existencial.

En cambio, la fe cristiana en Dios es muchísimo más comprometedora. El cristiano cree en un Dios personal (o hiperpersonal, si quieres, pero no impersonal), que nos ama como Padre y se ha revelado y comunicado a Sí mismo entrando en nuestra historia por medio de la Encarnación de Su Hijo, Jesucristo, quien vivió y murió por nuestra salvación, amando y perdonando hasta el extremo.

La Iglesia terrestre es la prolongación de la presencia y de la acción visibles de Cristo en la historia. Ella es el Cuerpo de Cristo, el signo e instrumento de la unión de los hombres con Dios y de la unión de los hombres entre sí en Jesucristo, el único Salvador del mundo, el único Mediador entre Dios y los hombres.

El hombre es un ser esencialmente religioso, que sólo puede realizarse plenamente y alcanzar su felicidad en la verdadera religión, es decir en la debida relación con Dios. Cae de su peso que si Dios ha hablado a los hombres, revelándoles la verdad acerca de Sí mismo y acerca del propio hombre, no cabe otra actitud sensata que la humilde escucha de Su palabra y la obediencia a Su santa voluntad.

Por otra parte, el Nuevo Testamento muestra de mil maneras que Cristo y la Iglesia son inseparables, como la Cabeza y el Cuerpo, como el Esposo y la Esposa. No puede haber Cristo sin Iglesia, ni Iglesia sin Cristo. En el Evangelio, Jesucristo dice:
"Yo estaré con ustedes [sus discípulos] todos los días, hasta el fin del mundo". "Las puertas [los poderes] del Infierno no prevalecerán contra ella [la Iglesia]". "El que a ustedes [sus discípulos] recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me ha enviado". "El que da un vaso de agua a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa en el Reino de los Cielos". Etc.

No puedo juzgarte. Debes considerar por ti mismo la posibilidad de que la tentación de rechazar a la Iglesia te venga de un equivocado sentimiento de superioridad. Es cierto que los cristianos damos a menudo un testimonio insuficiente, a veces falso; pero también es verdad que "donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia". Es Dios quien nos salva en Cristo; no nos salvamos a nosotros mismos. No tenemos nada de qué gloriarnos, sino de Cristo muerto y resucitado, quien nos amó y se entregó por nosotros. Todo lo que tenemos, de Dios lo hemos recibido. A la Santa Iglesia, nuestra Madre, le debemos el haber hecho posible nuestro encuentro personal e histórico con Cristo y el haber engendrado en nosotros la fe en Él.

Mi recomendación es ésta: no te alejes de la Iglesia. Alejarse de la Iglesia es alejarse de Cristo. Continúa buscando la verdad apasionadamente, en la oración y la acción. Y recuerda que "todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá".

martes, setiembre 30, 2008

Las traducciones de la Biblia

Ing. Daniel Iglesias Grèzes

Con este post inauguro una serie de preguntas y respuestas basada en consultas reales recibidas por Internet.

Pregunta:
La traducción de un texto puede alterar su real significado, volverlo maleable y sujeto a interpretación. La Biblia fue escrita mucho antes de que se creara la imprenta y por ende la transmisión de su texto estuvo sujeta a errores y modificaciones, tanto involuntarias como voluntarias. ¿Cómo es posible entonces basar dogmas de fe en nuestros textos de la Biblia?

Respuesta:
La fe cristiana afirma que Dios se ha revelado a Sí mismo a los hombres en la historia y que la historia de la auto-revelación y la auto-comunicación de Dios al hombre tiene su momento culminante en Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre para nuestra salvación.
No tendría sentido creer que Dios se reveló a los hombres en tiempos de Jesucristo pero no previó ninguna forma de transmisión auténtica de la Divina Revelación a otros hombres y a las generaciones subsiguientes.
El católico cree que la Biblia es un libro escrito por hombres y a la vez un libro inspirado por Dios. También cree que el Espíritu Santo convoca a la Iglesia, Pueblo de Dios y Cuerpo de Cristo, y la guía hacia la verdad completa, mediante la guía del Magisterio de la Iglesia, el cual interpreta la Divina Revelación con la autoridad del mismo Cristo.
El texto de la Biblia fue transmitido antes de la invención de la imprenta, de manuscrito en manuscrito, con tanta fidelidad por los judíos (Antiguo Testamento) y los cristianos (Antiguo y Nuevo Testamento) que las diferencias entre el texto actual (el “texto recibido”) y los numerosísimos manuscritos antiguos de la Biblia que se conservan son relativamente pocas y de menor importancia.
Por otra parte, es cierto que los traductores de la Biblia pueden cometer errores y que de hecho han cometido algunos. Sin embargo, la gran multiplicidad de las traducciones, la pericia de los traductores y la gracia de Dios han hecho que esos errores no tuvieran consecuencias graves y no afectaran a la esencia del cristianismo.

domingo, setiembre 28, 2008

Evolución y Creación

Ing. Daniel Iglesias Grèzes

El último número del quincenario de la Arquidiócesis de Montevideo contiene un artículo titulado “Evolución vs. Creación: ¿Son irreconciliables a la luz de la Fe?” (Entre Todos, Nº 189, 27/09/2008, p. 5). Dicho artículo fue escrito por el grupo de reflexión sobre “La ciencia y la Fe en el Tercer Milenio”, que se reúne en la Parroquia Nuestra Señora de Lourdes (Malvín), que casualmente es también mi Parroquia. Junto a varios aspectos positivos, el citado artículo contiene también -a mi juicio- afirmaciones cuestionables o que requieren clarificaciones. Para mayor brevedad, me detendré sólo en esas afirmaciones, reproduciéndolas en letra itálica e intercalando mis comentarios en letra normal.

“Los debates, entre quienes sostienen la teoría de la evolución y quienes defienden la doctrina de la creación, continúan hasta hoy aún cuando debería ser un tema superado, ya que son complementarios y no excluyentes.”

Las nociones de “creación” y “evolución” no son necesariamente excluyentes, pero tampoco son necesariamente complementarias. Pueden ser excluyentes o complementarias según qué se entienda exactamente por “creación” y por “evolución”.
Por ejemplo, el “creacionismo de la Tierra joven” (young Earth creationism), sostenido por grupos protestantes fundamentalistas de Norteamérica, es incompatible con cualquier teoría de la evolución porque, con base en las cronologías bíblicas, afirma que Dios creó el universo hacia el año 6.000 AC. En esa perspectiva, las numerosas evidencias científicas de que el universo tiene una antigüedad de miles de millones de años son vistas como engaños diabólicos.
Por otra parte, el evolucionismo materialista sostenido por muchísimos científicos (como Jacques Monod y Richard Dawkins, por nombrar sólo dos) es incompatible con cualquier clase de creación del mundo por parte de Dios, simplemente porque, en la visión materialista, Dios no existe ni puede existir.
Por lo tanto, la afirmación de que el debate entre creación y evolución debería ser un tema superado puede entenderse de diversas maneras, algunas válidas y otras inválidas. Por ejemplo, sería justo decir que las lecturas fundamentalistas de la Biblia están desacreditadas por el actual nivel de conocimientos teológicos. Es probable que ése sea el significado pretendido por la frase que estoy analizando. Sin embargo, la frase así interpretada puede dar lugar a la falsa impresión de que ya no hay nada que discutir (en los niveles científico, filosófico y teológico) acerca de la teoría de la evolución que predomina actualmente, es decir el neodarwinismo. Esto está muy lejos de ser cierto. Al contrario, en los tres niveles mencionados se están desarrollando actualmente, sobre todo en los Estados Unidos de América, intensos e interesantes debates en torno al neodarwinismo. Todavía hay mucho para investigar y debatir acerca de esa teoría, que no puede considerarse como una verdad probada por la ciencia.

“La mayoría de los científicos adhieren a teorías evolucionistas explicando a nivel estelar la creación del universo por el “Big Bang”.”
La teoría del Big Bang no explica la creación del universo sino su evolución a partir de una Gran Explosión en el comienzo del tiempo. La creación en cuanto tal es inaccesible para las ciencias particulares (matemática, física, química, etc.), pudiendo ser conocida sólo por medio de las ciencias universales (filosofía y teología).

“En la tierra el desarrollo de las especies se explica desde la ciencia, por una serie de pequeños cambios sobre formas de vida rudimentarias, que surgieron del barro, o vinieron como ADN viajero en los cometas y se incorporaron a la memoria que guardan las células en los llamados genes y que hoy conocemos como genoma. Esos elementos incorporados a la memoria de cada célula se transmitieron a la descendencia. Una de esas líneas evolutivas habría culminado en la especie humana.”

Este párrafo se refiere a tres problemas diferentes: el origen de la vida, la evolución biológica y el origen del hombre.

En lo que respecta al origen de la vida, sería falso sostener que está explicado por la ciencia. La generación espontánea del primer ser vivo (o los primeros seres vivos) a partir de la materia inerte (“el barro”) no pasa de ser un postulado arbitrario de los científicos materialistas o naturalistas. No existe ninguna prueba empírica de tal teoría, que parece depender de una concepción mecanicista de la vida. Cuanto más descubre la ciencia sobre la inmensa complejidad de los seres vivos (incluso los unicelulares), más parece alejarse la esperanza, alentada desde ámbitos materialistas, de llegar a crear artificialmente seres vivos. Además, desde la filosofía clásica la noción de una generación espontánea de la vida se ve como un absurdo. Nadie puede dar lo que no tiene. La vida no puede surgir de la no-vida.
Llama la atención la mención de la teoría del origen extraterrestre de la vida, que no pasa de ser una mera conjetura. En realidad esa teoría no explicaría el origen de la vida en general, sino sólo en nuestro planeta. El problema de fondo no sería resuelto, sino trasladado al espacio. Detrás de esta extraña teoría se esconde por lo común una intención atea. En efecto, para el ateo todos los comienzos absolutos en el tiempo son extremadamente problemáticos, porque son evidentes signos de contingencia. Por lo tanto, no es sorprendente que un mismo científico no creyente (el astrónomo Fred Hoyle) haya propuesto la teoría del “universo de estado estacionario” (steady state universe) –en contra del Big Bang- y la teoría del origen extraterrestre de la vida ("panspermia"). Ninguna de estas dos teorías cuenta con mucho crédito hoy en el ámbito científico. La primera de ellas fue prácticamente descartada en 1965 (incluso por el propio Hoyle), cuando se descubrió la radiación cósmica de fondo de microondas, que fue vista como una confirmación del Big Bang. Cabe destacar que Hoyle tenía una clara noción de la increíble improbabilidad estadística de la generación espontánea de la vida. Expresó esa improbabilidad mediante una famosa comparación: es más probable que un tornado que pasa sobre un depósito de chatarra ensamble por pura casualidad un Boeing 747 que la aparición de un ser vivo a partir de reacciones químicas casuales.

En cuanto a la evolución biológica, tampoco es exacto decir que ha sido explicada por la ciencia con base en la teoría darwinista (descendencia con modificaciones graduales y selección natural) o neodarwinista (mutaciones genéticas aleatorias y selección natural). En último análisis las explicaciones darwinistas son meramente verbales. Permanecen en pie formidables objeciones científicas contra estas teorías, al punto que el famoso paleontólogo no creyente Stephen Jay Gould consideró que el darwinismo en su forma clásica está muerto como teoría científica. De ahí que, abandonando uno de los axiomas capitales de Darwin (el gradualismo evolutivo), Gould haya propuesto una nueva teoría (el “equilibrio puntuado”) que supone que la historia de las especies contiene largos períodos de estabilidad y breves períodos de cambios grandes y rápidos, impulsados por macro-mutaciones. Adversarios maliciosos han calificado a la tesis de Gould como teoría del hopeful monster (monstruo esperanzado).

En cuanto al origen del hombre, habría sido oportuno mencionar los grandes problemas filosóficos y teológicos adjuntos a la tesis de que ese origen se explica adecuadamente a partir de la teoría darwinista, del mismo modo que el origen de cualquier otra rama del “árbol de la vida”. Por cierto la fe cristiana es incompatible con la convicción de Charles Darwin de que entre el hombre y los demás animales no hay una diferencia esencial, sino sólo diferencias de grado.

“Para los católicos, al igual que con los discípulos de Emaús, los ojos no se abrieron en el primer momento para comprender que el relato mítico del Génesis cap. 1º mostraba desde el inicio la creación como parte de un plan.”

Esta frase refuerza la impresión (que ya está latente en el primer párrafo citado) de que la “culpa” de que haya habido un debate entre “creación” y “evolución” estuvo principalmente del lado de los cristianos, “insensatos y tardos de corazón” (Lucas 24,25), y no de parte de los científicos que postularon un evolucionismo materialista o naturalista.
Además, desde el punto de vista de la fe cristiana, no es exacto referirse al relato de la creación de Génesis 1 como “relato mítico”. Si bien es verdad que ese relato utiliza elementos míticos, los integra dentro de un conjunto cuyo contenido no es mitológico, sino teológico. Se trata de un texto inspirado por Dios que, sirviéndose de imágenes tomadas de una cosmología arcaica, enseña verdades religiosas tales como la creación de todo lo visible y lo invisible por parte de Dios, la bondad de todo lo creado por Dios, la existencia de una jerarquía ontológica dentro del universo material (cuya cumbre es el ser humano), la igualdad de naturaleza o esencia entre el hombre y la mujer, etc.

“Hasta ahora, las evidencias científicas acumuladas sobre la evolución de la vida en nuestro planeta nos llevan a concluir que se ha desarrollado de acuerdo a un plan.”

Muy cierto. Precisamente por eso es que el debate sobre la relación entre creación y evolución aún no ha concluido, en la medida en que, dentro del ámbito científico, continúa predominando la visión de la evolución biológica como un proceso no planificado ni guiado, sino impulsado únicamente por fuerzas ciegas como el azar y la necesidad, visión que excluye todo diseño inteligente y toda finalidad.

sábado, setiembre 27, 2008

Mitos Hebreos

Ing. Daniel Iglesias Grèzes

En mi post anterior critiqué dos errores teológicos del libro de Gustavo Daniel Casetta, El código sombrío. Lo oculto en El Código Da Vinci, Editorial Candelero, Rosario (Argentina), 2006, errores que provenían de un ex sacerdote católico dedicado a popularizar la “espiritualidad céltica”. En esta ocasión voy a criticar otros errores del mismo libro, que provienen de supuestos mitos hebreos.

1) En las pp. 99-100, apoyándose en el libro de Robert Graves y Raphael Patai “Los Mitos Hebreos”, G. D. Casetta hace algunas afirmaciones acerca de un episodio narrado en la novela de Dan Brown “El Código Da Vinci”, donde no queda claro si él se adhiere a lo afirmado, que no es cristiano:
“Aparte de su hálito ocultista, en las palabras del cántico encontramos el más fuerte de estos elementos. Esta indefinida entidad que existía antes de la creación (“en el alba de todo lo sagrado”) no es de ninguna manera el amor o el sexo, como pueda pensarse. Es el caos “Tohu y Bohu, es decir el Caos y el Vacío”; justamente por amor, Dios transformó el caos en cosmos.”

Otra vez se evidencia aquí una interpretación mitológica de Génesis 1,2:
“La tierra era caos [Tohu, en hebreo] y confusión [Bohu, en hebreo] y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas.”

Según la fe cristiana, Dios es el Creador de todo lo visible y lo invisible. Antes de la creación, sólo existía Dios, no ninguna “indefinida entidad”. Dios no creó el cosmos a partir de un caos preexistente, co-eterno con Dios, sino de la nada (ex nihilo). Sí es verdad que la creación del mundo no fue un suceso instantáneo, sino un proceso continuo de evolución cósmica, en el que gradualmente se fue poniendo de manifiesto un orden cada vez mayor y más bello. Pero ese orden estaba presente desde el principio en la Inteligencia creadora de Dios, que gradualmente desplegó su plan creador en el tiempo.

2) En las pp. 101-102, G. D. Casetta de nuevo interpreta un pasaje de “El Código Da Vinci” en función del ya citado libro de Graves y Patai sobre los mitos hebreos, y dice lo siguiente:
“Vemos entonces que la idea de la unión sexual no fue del hombre, fue una nueva incitación de Satanás –al igual que el pecado original-, quien conocía la naturaleza eterna de aquel, su vínculo con la perpetuidad ahora perdida y, por ende su deseo de experimentarla. (…)
El matrimonio como bendición de Dios es otro intento de reconciliación y de salvación: del caos al cosmos, del pecado a la libertad, de la muerte a la resurrección.”

El contraste de estas afirmaciones con la enseñanza bíblica es evidente. Es Dios mismo (no el demonio) quien creó al hombre como ser sexuado, varón y mujer, y les dio desde el principio el mandato de multiplicarse en la unión matrimonial, haciéndose una sola carne en la relación conyugal. Todo esto está en los Capítulos 1 y 2 del Génesis, antes del relato de la caída (Génesis 3). De modo que el matrimonio es algo bueno y querido por Dios desde el principio, no un intento tardío de enderezar un invento demoníaco.
Por otra parte, en rigor el hombre no tiene una “naturaleza eterna”. Es un ser finito, creado por Dios, no co-eterno con Él, aunque llamado a participar (por gracia de Dios) de la naturaleza divina. La vida eterna del hombre es eterna sólo hacia adelante, no hacia atrás.

Según lo que he podido leer en Internet, el libro de Robert Graves y Raphael Patai “Los Mitos Hebreos” pretende explicar el libro del Génesis en función de mitos mesopotámicos anteriores, reconstruidos a partir de la literatura judía posterior, principalmente el Talmud. No estoy en condiciones de juzgar si es cierto que el Talmud enseña esos mitos, pero llama la atención cuán lejos están éstos de la revelación bíblica. El contenido de esos mitos, tal como son presentados por Graves y Patai, altera y contradice el contenido del Génesis.
El autor judío Raphael Patai escribió muchos otros libros, entre los cuales se destaca “La diosa hebrea” (sobre el mito de Lilith). No parece que los libros de Graves y Patai sean una referencia firme para un apologista católico.

Como común denominador de los cuatro errores teológicos señalados en el post anterior y en el presente hasta aquí, me parece percibir la afirmación de una especie de prioridad del mal, la oscuridad, el caos o el desorden en el mundo y en el hombre, contraria a la fe cristiana, expresada por ejemplo en este axioma de la filosofía tomista: “ens et bonum convertuntur” ("el ser y el bien se identifican"). Todo lo que es, en tanto que es, es bueno. El mal no es un ser, sino una carencia o privación de ser. El mal es una especie de “parásito” del bien.

3) En la p. 133 G. D. Casetta afirma:
“En la cosmogonía mítica hebrea, y por ende cristiana, el Infierno, el abismo, está en las profundidades de la Tierra, adonde fue arrojado Lucifer por Dios, quien no admitía rivales en su gloria, y allí permanece.”

La doctrina cristiana no incluye ninguna cosmogonía mítica.
El Infierno no está en las profundidades de la Tierra, sino que es un estado de separación radical de Dios por parte de los condenados.
Dios no arrojó a Lucifer al Infierno porque “no admitía rivales en su gloria”. Aquí parece manifestarse la noción de un Dios celoso de sus criaturas. Al contrario, Dios creó a los ángeles y a los hombres para compartir con ellos su gloria, es decir para comunicarles su propia bondad y felicidad infinitas. El pecado de Lucifer (y el de Adán) no consistió en querer asemejarse a Dios -que es lo que Dios mismo quería y le ofrecía- sino en querer arrebatar en cierto modo por la fuerza o lograr por sí mismo (sin Dios, sin comunión de amor con Él) el lugar de Dios, contraviniendo libremente su propia naturaleza creada.

viernes, setiembre 26, 2008

Ecos Eternos

Ing. Daniel Iglesias Grèzes

Recientemente leí el libro de Gustavo Daniel Casetta, El código sombrío. Lo oculto en El Código Da Vinci, Editorial Candelero, Rosario (Argentina), 2006. Ante todo felicito al autor por su firme defensa de la fe católica frente a los ataques del famoso libro de Dan Brown, El Código Da Vinci. Se necesitan muchos apologistas católicos para contrarrestar la actual oleada de anticatolicismo, especialmente en el mundo de la cultura.

Por otra parte, no puedo ocultar que, pese a su evidente buena intención y a su ferviente piedad, el autor incurre a mi juicio en varios errores teológicos importantes. A continuación señalaré y comentaré dos de ellos, que provienen de sendas citas aprobatorias del libro Ecos Eternos, de John O’Donohue:

1) En la p. 64, G. D. Casetta incluye la siguiente cita de John O’Donohue, Ecos Eternos:
“No existe nadie que, en algún momento de la vida, no deba transitar por el oscuro valle del sufrimiento. Es un sendero sin esperanza, sin refugio ni luz. Cuando el sufrimiento entra en nuestras vidas, trae consigo una gran soledad y aislamiento”.

Considerada literalmente, esta visión tan negativa del sufrimiento no es compatible con la fe cristiana. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento nos enseñan a conservar firme la esperanza en Dios incluso en medio del mayor sufrimiento.

Véase por ejemplo el Salmo 22:
“Yahveh es mi pastor, nada me falta. Por prados de fresca hierba me apacienta. Hacia las aguas de reposo me conduce, y conforta mi alma; me guía por senderos de justicia, en gracia de su nombre. Aunque pase por valle tenebroso, ningún mal temeré, porque tú vas conmigo; tu vara y tu cayado, ellos me sosiegan. Tú preparas ante mí una mesa frente a mis adversarios; unges con óleo mi cabeza, rebosante está mi copa. Sí, dicha y gracia me acompañarán todos los días de mi vida; mi morada será la casa de Yahveh a lo largo de los días.”

Véase también las Bienaventuranzas, en la versión de Lucas 6, 20-23:
“Y él, alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados. Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis. Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, que vuestra recompensa será grande en el cielo. Pues de ese modo trataban sus padres a los profetas.”

Véase también cuántas veces Jesús y los ángeles de Dios nos dicen: “No temáis” y cómo Jesús promete a sus discípulos que Él estará con ellos todos los días hasta el fin del mundo y que ellos recibirán la ayuda y el consuelo del Espíritu Santo. Y así podríamos multiplicar las citas bíblicas contra lo dicho por O’Donohue. Tal vez él pretendía referirse al sufrimiento del hombre en pecado mortal, apartado totalmente de Dios, pero en ese caso debió aclararlo para evitar confusiones.

2) En las pp. 73-74, G. D. Casetta incluye la siguiente cita de John O’Donohue, Ecos Eternos:
“Aunque vivamos y trabajemos en la luz, fuimos concebidos y formados en las tinieblas. La oscuridad es una de nuestras compañías más íntimas. En realidad, nunca puede sorprendernos, algo en nuestro interior conoce la oscuridad más profundamente de lo que conoce la luz. La oscuridad es más antigua que la luz. En el comienzo todo era oscuridad. La primera luz nació de las tinieblas. Tenemos un parentesco interior con la oscuridad, que nada puede disolver.”

Aquí O’Donohue manifiesta de nuevo una visión no cristiana del hombre y del mundo. Compárese el texto de O’Donohue con el comienzo del Evangelio de Juan:
“En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.” (Juan 1,1-5).
En el principio no era la oscuridad, sino la luz. Dios es Luz y en Él no hay tiniebla alguna.
La oscuridad no es más antigua que la luz. Dios es anterior al mundo y es el Creador de todo lo que existe.

Es cierto que la Biblia comienza diciendo:
“En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas. Dijo Dios: «Haya luz», y hubo luz.” (Génesis 1,1-3).
Aquí, haciendo uso de una cosmogonía arcaica, se nos enseña que Dios creó gradualmente un cosmos ordenado. Filosóficamente se puede demostrar que el caos o desorden depende del orden y no al revés. Un caos absoluto no podría existir. Incluso modernas teorías científicas muestran que tras el caos hay un orden subyacente y que en el comienzo del mundo hubo un estallido de energía (el Big Bang). Además, la Escritura dice que el Espíritu de Dios (“un viento de Dios”) aleteaba por encima de las aguas del abismo primordial, incubando su vitalidad y su sentido. Resulta pues abusivo interpretar este pasaje en el sentido de un mundo sometido constitutivamente a la oscuridad. Que la luz no surge de la oscuridad sino de la palabra creadora de Dios (“Hágase la luz”) está manifiesto en este mismo pasaje.

No fuimos formados en las tinieblas, sino creados por Dios a su imagen y semejanza en un mundo luminoso y considerado bueno por Dios. Lo más íntimo a nosotros mismos (nos enseña San Agustín) no es la oscuridad, sino Dios mismo, que es Luz. La Gracia de Dios vence al pecado que hay en el hombre, lo santifica verdaderamente y no sólo putativamente, en el sentido pesimista de Lutero.

Buscando en la Wikipedia, me he enterado de que John O’Donohue (1956-2008) fue un poeta irlandés, filósofo hegeliano y sacerdote católico que abandonó el sacerdocio. La Wikipedia dice que O’Donohue es conocido sobre todo por su “popularización de la espiritualidad céltica”.

Ciertamente, los libros de John O’Donohue no parecen ser una referencia adecuada para una defensa de la fe católica.

domingo, setiembre 21, 2008

Diseño Inteligente

Ing. Daniel Iglesias Grèzes

El siguiente artículo es un interesante resumen del estado actual del debate suscitado en los Estados Unidos de América por el movimiento del Intelligent Design (Diseño Inteligente) o ID: Santiago Collado González, Ciencia y trascendencia: Intelligent Design, Seminario Ciencia, Razón y Fe, Universidad de Navarra, marzo de 2005: www.unav.es/cryf/curso05sc.pdf

Dicho artículo contiene una buena introducción histórica a ese debate y una presentación sintética de los principales aportes de dos de los representantes del ID: el bioquímico Michael Behe y el matemático y filósofo William Dembski.

Sin embargo, discrepo profundamente con varias opiniones expresadas por el autor del artículo. A continuación cito algunas de esas opiniones en letra itálica, intercalando mis comentarios en letra normal.

“En realidad, considero que la aportación del ID a la historia del pensamiento es pobre y se puede exponer en pocas palabras.” (Santiago Collado González, op. cit.).
Pienso que, por el contrario, la aportación del ID a la historia de las ideas es enorme. Representa el comienzo de una revolución contra el naturalismo y el materialismo dominantes en gran parte de la ciencia contemporánea.

“Hay por parte de los defensores del Intelligent Design un recurso constante a apoyarse en la experiencia de diseño que tenemos en relación con los artefactos. En sus argumentos se utiliza lo que ocurre con los artefactos como ejemplos. Hay una equiparación del mundo artificial con el mundo natural que en algunos argumentos puede ser legítima, pero que también suscita la sospecha de que los presupuestos intelectuales en los que se mueven son próximos al mecanicismo. En este punto, y por las mismas razones, también el darwinismo resulta sospechoso de mecanicismo.” (Ibidem).
Aristóteles y Tomás de Aquino estarían en desacuerdo con este párrafo. Aquí Santiago Collado González (SCG) confunde analogía con equiparación. Entre el diseño divino de los entes naturales y el diseño humano de los entes artificiales hay una relación de analogía, no de univocidad ni de equivocidad. La cosmovisión de los pensadores del movimiento del ID está a años luz de todo mecanicismo. Por otra parte, el darwinismo, en sus representantes más conspicuos, no es sospechoso de mecanicismo: se trata de un mecanicismo explícito e inequívoco.

“La crítica que el ID hace contra el darwinismo parece tener suficiente entidad (noción de complejidad irreductible). No parece, sin embargo, ser tan consistente en la defensa que hace de sí mismo. Pensamos que los puntos débiles del darwinismo frente al ID son también los que impiden que el ID sea consistente en su propia autodefensa.” (Ibidem).
Aquí SCG reduce indebidamente la crítica del ID al darwinismo a un aspecto parcial: la noción de complejidad irreductible planteada por Behe. En realidad esa crítica es mucho más amplia y ciertamente tiene entidad suficiente como para poner al darwinismo en crisis. Además, SCG acusa al ID de inconsistencia, sin dar ningún argumento sólido en apoyo de esa tesis. Por último, SCG confunde los puntos débiles del darwinismo (por ejemplo, la falta de pruebas científicas de la capacidad creativa de las mutaciones aleatorias y la selección natural para explicar la existencia, la complejidad y la diversidad de los seres vivos) con supuestos puntos débiles del ID. Entrevera aquí la crítica científica al darwinismo (que no necesita aportar teorías alternativas para ser válida) con los aportes filosóficos del ID (que obviamente no pueden ser probados por la ciencia empírica).

“Al intentar comprender lo que está en la raíz de la polémica, se descubre con claridad cada vez mayor que los defensores del ID y del evolucionismo gradualista no están tan lejos como ellos piensan o, al menos, como unos y otros defienden.” (Ibidem).
Pésimo final: en realidad, el debate no es entre los defensores del ID y los del evolucionismo gradualista, sino entre los defensores del ID y los del evolucionismo ciego (la evolución como un proceso puramente aleatorio, no planificado ni guiado). Las cosmovisiones que están en la raíz de esta polémica no pueden ser más distintas entre sí.

sábado, setiembre 13, 2008

En desacuerdo con Darwin

Ing. Daniel Iglesias Grèzes

Haciendo clic sobre el título de este artículo se accede al interesantísimo sitio Dissent from Darwin, el cual contiene una lista de más de 700 científicos que se han adherido a la siguiente declaración:

"We are skeptical of claims for the ability of random mutation and natural selection to account for the complexity of life. Careful examination of the evidence for Darwinian theory should be encouraged."
(“Somos escépticos con respecto a las pretensiones sobre la capacidad de las mutaciones aleatorias y la selección natural para dar cuenta de la complejidad de la vida. Se debería estimular un cuidadoso examen de la evidencia a favor de la teoría darwinista.”
; la traducción es mía).

Cada firmante de la declaración tiene un Doctorado en alguna disciplina científica o es un médico que además es Profesor de Medicina.

En la sección del sitio titulada About, las razones que motivaron esa iniciativa se explican de la siguiente manera (ofrezco mi traducción del original inglés):

“Durante las décadas recientes, nueva evidencia científica de muchas disciplinas científicas, tales como cosmología, física, biología, investigación sobre "inteligencia artificial" y otras, han impulsado a científicos a comenzar a cuestionar el postulado central del darwinismo -la selección natural- y a estudiar con mayor detalle la evidencia que lo apoya.
Sin embargo los programas de TV, las declaraciones de política educativa y los libros de texto de ciencia han afirmado que la teoría de la evolución de Darwin explica plenamente la complejidad de los seres vivos. Al público se le ha asegurado que toda la evidencia conocida apoya el darwinismo y que prácticamente cada científico del mundo cree que esa teoría es verdadera.
Los científicos de esta lista discuten la primera afirmación y se presentan como vivo testimonio en contradicción con la segunda. Desde que el Discovery Institute lanzó esta lista en 2001, cientos de científicos han dado valientemente un paso al frente para firmarla con sus nombres.
La lista está creciendo e incluye científicos de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, de las Academias Nacionales Rusa, Húngara y Checa, así como de Universidades tales como Yale, Princeton, Stanford, MIT, UC Berkeley, UCLA y otras.
(…)
Hay un disenso científico con respecto al darwinismo. Merece ser escuchado."

La sección del sitio llamada Links da acceso a tres documentos que presentan objeciones científicas muy fuertes contra el darwinismo y contra la forma en que éste es enseñado habitualmente.

viernes, setiembre 12, 2008

Un científico materialista critica a fondo el darwinismo

Ing. Daniel Iglesias Grèzes

Recomiendo la lectura del siguiente artículo del año 1989:
John F. McCarthy, The failure of Darwinism and its fuller implications.

Se trata de una interesante reseña del siguiente libro:
Michael Denton, Evolution: A Theory in Crisis (Adler and Adler: Bethesda, Maryland, 3rd ed. 1986).

Michael Denton, científico no creyente, sostiene en esa obra, con fuertes argumentos científicos, que el darwinismo es una teoría en crisis, a pesar de lo cual él personalmente se aferra a esa teoría. Denton es un darwinista que reconoce honestamente las enormes e insuperables dificultades intelectuales que enfrenta el darwinismo. Su tesis concuerda en líneas generales con las de otros grandes científicos no creyentes como Gould, Crick, Hoyle, etc. Como se recuerda en el artículo citado, Gould llegó a decir que el darwinismo es una teoría muerta y que la ausencia de formas transicionales en el registro fósil es el secreto profesional de la paleontología.

“La tesis central de este libro es que la teoría de la evolución de Darwin no ha sido validada por ningún descubrimiento empírico o avance científico desde su publicación en 1859. Denton logra refutar la evolución darwinista con base en los hechos empíricos tal como son conocidos por los científicos de la naturaleza hoy; sin embargo, por razones emocionales, él no puede abandonar enteramente la teoría. Debido al elemento irracional de esta adhesión, algunos de los juicios históricos que él expresa no tienen fundamento y son contradictorios” (John F. McCarthy).

En definitiva la posición de Denton es incoherente. Él afirma con sólidos fundamentos que el darwinismo es “una afrenta a la razón”, pero mantiene su adhesión al darwinismo para no tener que aceptar la creación de la vida por parte de Dios. El rechazo de la hipótesis de una evolución biológica puramente aleatoria, sin diseño inteligente alguno, debería conducir al reconocimiento de que la evolución supone un diseño inteligente. Denton ataca al darwinismo con argumentos razonables, pero sigue aceptándolo por motivos no razonables. Él afirma que el darwinismo sigue siendo un dogma de la cultura moderna porque satisface una “honda necesidad psicólogica de una explicación completa del origen del mundo”, en una línea naturalista y materialista.

El “dogma darwinista” y los dogmas cristianos no están al mismo nivel. El darwinismo es un dogma falso, sin fundamentos válidos. Los dogmas cristianos tienen fundamentos racionales fidedignos y se basan nada menos que en la Divina Revelación. Las razones que sostienen la credibilidad de la fe cristiana son convincentes. El dogma cristiano no proviene del hombre, sino de Dios. Aceptar la verdad del dogma equivale a aceptar que Dios es Dios, que Su Palabra es la Verdad y la Luz.

No se puede objetar a los cristianos que acepten sólo algunas de las posturas de Denton y rechacen otras. Es obvio que del hecho de que Denton sostenga las proposiciones A y B y que la proposición A sea verdadera, no se deduce lógicamente que también la proposición B es verdadera. San Pablo exhorta a los cristianos a examinarlo todo y quedarse sólo con lo bueno. Aceptar las ideas válidas de un autor y rechazar las otras no es ni absurdo ni hipócrita, sino sólo una señal de discernimiento.

jueves, setiembre 11, 2008

Cristianismo y evolucionismo

Ing. Daniel Iglesias Grèzes

A través del sitio web SRM - Science and Religion in Media, he tenido acceso al artículo de Mons. Fiorenzo Facchini: Nel dialogo tra fede e scienza. Principali nodi in tema di evoluzione, publicado originalmente en L'Osservatore Romano el día 16/01/2008.

De este interesante artículo extraeré, traduciré y comentaré algunos pasajes que me parecen cuestionables y que a mi juicio requerirían una mayor discusión:

1. “Il darwinismo, nella sua versione moderna, offre una spiegazione che ha una sua validità” (“El darwinismo, en su versión moderna, ofrece una explicación que tiene una validez”).

Sin embargo, lo que está actualmente en discusión en la comunidad científica es precisamente la validez científica de la teoría darwinista, que no puede darse por supuesta. Debe reconocerse al menos que, como teoría científica, el darwinismo es muy singular, dado que:
· carece de verdaderas pruebas empíricas;
· carece de poder de predicción;
· no es falsable, ya que, ocurra lo que ocurra, el darwinista dirá (a posteriori) que eso es lo que tenía que ocurrir en virtud de la selección natural y ofrecerá conjeturas inventadas ad-hoc para intentar justificar lo ocurrido;

2. “Nè la teoria dell'evoluzione né il darwinismo implicano di per sé un'opzione materialista.” (“Ni la teoría de la evolución ni el darwinismo implican de por sí una opción materialista.”)

Concuerdo en que el evolucionismo de por sí no implica el materialismo. Con respecto al darwinismo, la afirmación me parece bastante dudosa. El darwinismo en su versión moderna y standard (el neodarwinismo) parece implicar de por sí una ideología materialista, porque excluye toda espiritualidad y finalidad y afirma que el proceso evolutivo es guiado únicamente por mutaciones genéticas puramente aleatorias y por la selección natural (supervivencia del más apto o mejor adaptado al ambiente). Como el propio Mons. Facchini pone de manifiesto más adelante, para Darwin la diferencia entre hombre y animal es sólo de grado; y la posterior cita de Monod manifiesta claramente una cosmovisión atea. Por supuesto, existen unos pocos darwinistas no materialistas, que intentan combinar el darwinismo y el monoteísmo; no obstante, parece muy difícil conjugar ambas cosas lógicamente, más allá de una mera afirmación verbal.

3. “Dal punto di vista filosofico non si vede l'impossibilità che la vita si sia formata per qualche reazione di ordine fisico-chimico in circostanze favorevoli (…). Se ciò sia di fatto avvenuto o no sta alla scienza approfondirlo.”
(“Desde el punto de vista filosófico no se ve la imposibilidad de que la vida haya sido formada por alguna reacción de orden físico-químico en circunstancias favorables (…). Si esto de hecho ha ocurrido o no corresponde a la ciencia profundizarlo.”)

Al contrario, desde el punto de vista filosófico, no se ve la posibilidad de que la vida haya sido generada espontáneamente por la materia inerte. En el lenguaje del sentido común, la obvia objeción se plantea así: nadie puede dar lo que no tiene. En el lenguaje (más elaborado) de la filosofía tomista, la objeción se plantea de la siguiente manera: todo ente que se mueve es movido por otro; ningún ente puede pasar de la potencia al acto sino a partir de otro ente en acto. Negar esto conduce fácilmente a una absurda noción de auto-causación y puede llegar a justificar una filosofía atea o panteísta, en la cual la materia evolutiva contiene en sí misma su propia razón de ser y de devenir.
Por otra parte, no se debe negar a la filosofía su derecho a analizar la racionalidad de la teoría de la generación espontánea de la vida.

4. “Secondo Rhonheimer (2007) ci troviamo di fronte a "un processo naturale non teleologico, anzi non intenzionale e senza intelligenza, che produce un ordine teleologico pieno di senso e adeguatamente descrivibile soltanto in un linguaggio altrettanto teleologico””
“Según Rhonheimer (2007) nos encontramos frente a “un proceso natural no teleológico, es decir no intencional y sin inteligencia, que produce un orden teleológico pleno de sentido y adecuadamente descriptible solamente en un lenguaje también teleológico””.

Según el principio lógico de tercero excluido, los procesos naturales son teleológicos o no son teleológicos. Aquí Rhonheimer parece sostener una especie de neo-averroísmo o “teoría de la doble verdad”, según la cual la misma afirmación (la evolución biológica es un proceso teleológico) puede ser verdadera desde el punto de vista filosófico o teológico y falsa desde el punto de vista científico.

5. “Il ricorso a una causa esterna non significa confusione di piani (come nella teoria dell'Intellligent Design)…”
“El recurso a una causa externa no significa confusión de planos (como en la teoría del Intelligent Design)…”

La acusación de confusión de planos contra la moderna teoría del Diseño Inteligente (sostenida sobre todo por pensadores y científicos norteamericanos como Johnson, Behe, Dembsky, etc.) no aparece fundamentada aquí. ¿Se basa en que sus defensores usan tanto argumentos científicos como filosóficos? Eso no sería suficiente fundamento, en la medida en que cada argumento sea sostenible en su propio plano. Por ejemplo, no se puede acusar de confusión de planos a Santo Tomás de Aquino porque emplee tanto argumentos teológicos como filosóficos en la “Suma Teológica”. Cuando él filosofa, filosofa bien, y cuando hace teología, también lo hace bien; y eso es lo que importa. Me parece que, análogamente, los modernos partidarios del Diseño Inteligente hacen bien al criticar las fallas del darwinismo en el terreno científico y al proponer otras soluciones racionales al problema de la evolución desde el punto de vista filosófico.